Equiparar la muerte de un animal, por supuesto siempre que dicha muerte sea haciéndole sufrir lo menos posible, para comérselo, con matarlo de forma sádica, haciéndole sufrir innecesariamente y torturándolo, por una incomprensible diversión, tiene un nombre. Se llama demagogia. Y de la barata.
Y, por supuesto, vaya por delante que yo estoy a favor de la prohibición de cualquier espectáculo que haga sufrir de manera innecesaria a un animal. Lo mismo una corrida de toros, que una pelea de gallos, que los correbous, si es que se llaman así, o cualquier otra historia similar. Me parece vergonzoso que se sigan montando espectáculos de ese tipo. Lo que no quiere decir que cuando prohiben una de estas cosas, personalmente aplauda hasta con las orejas. Pero claro que sí. Ojalá las prohibieran todas.
Y sigo diciendo que los que ven en este tipo de medidas tintes nacionalistas, no entiendo dónde los ven en el caso canario, y por qué en dicho caso no hablan, o hablaron, en los mismos términos. ¿Oportunismo político, quizás?
Como siempre, nunca falta quien compara churras con merinas.