Veo el problema desde otro punto de vista, tres señores, los tres invitados formales en una reunión formal con un protocolo de intervención previamente establecido y conocido por todos los invitados y, como es de cajón, con sus propios mecanismos de control y moderación. En ese entorno los invitados hablan en su turno, no interrumpen a los demás y si es necesaria moderación la realizan las personas previamente designadas.
El hecho de que cualquier invitado hable cuando no le corresponda, incluso aunque sea para autoerigirse en moderador del debate (lo que ni le corresponde ni sería legítimo), es una ruptura del protocolo. No importan las personas que lo realicen, ni que sus argumentos sean válidos o no, es una ruptura del protocolo indiscutible.
Una sencilla demostración por reducción al absurdo, (
<<< Wiki >>>):
Supongamos cierto que si cualquier invitado rompe el protocolo irrumpiendo en el turno de otro (como hizo Chávez) y se considerara legítimo que cualquier otro invitado (como hizo el rey) irrumpa en el turno de otro para mandar callar autootorgándose la función de moderador. Entonces también sería legítimo que el resto de los invitados lo hicieran por lo que legítimamente el debate se convertiría (o podría hacerlo) en un gallinero.
Realizando un razonamiento similar, por inducción, se llegaría a demostrar que si damos por buena una intervención así, obviamente daríamos por buena un número finito de intervenciones similares lo que, llevado a la realidad, supondría que también veríamos con buenos ojos un turno de réplica - contrarreplícas entre Chávez y el rey fuera del protocolo de la reunión.
Por último, desde el punto de vista diplomático creo que es completamente obvio que ni las palabras usadas, ni los modos, por parte del Chávez y también por parte del rey, son los adecuados sino todo lo contrario. La formación de Chávez en este sentido la desconozco, el rey sí que se supone que la tiene.
E insisto en que todo esto no tiene nada que ver con que se esté de acuerdo en el fondo o las simpatías personales hacia cada uno de los protagonistas.