En los últimos 20 años, este hermano evolutivo nuestro ha visto destruido más del 90% de su hábitat. Y lo más grave es que en el proceso de deforestación los orangutanes son maltratados, asesinados, quemados vivos, explotados o vendidos en el mercado negro para terminar en zoos, parques turísticos, colecciones privadas, carnicerías, peleterías, o sencillamente como animales de compañía. Peor suerte, si cabe, corren las hembras de orangután, capturadas y utilizadas en los burdeles de Indonesia como prostitutas, donde son atadas para que los hombres las violen repetidamente cada día. Según datos oficiales, más de 50.000 orangutanes han muerto ya como consecuencia de la deforestación para la plantación de palmeras de aceite.