Pues mira, esto es como todo.
Si vas por la vida con un Ferrari con 25 años, y resulta que te lo has comprado gracias a que eres un fiera de los negocios y te has forrado currando como un cabrón, no faltará quien te llame niño de papá sin conocerte de nada, por puta envidia porque no tiene un Ferrari, y su único consuelo es pensar que te lo ha comprado tu papaíto.
Si realmente eres inteligente, meterás primera en tu Ferrari y te alejarás del soplapollas, que apesta a envidia y te aseguro que los envidiosos no son buena compañía.
Habrá otro que te diga: cómo me alegro de que te vaya bien. A ese, te lo subes a tu Ferrari y te vas a tomar algo con el. Puede que no sea sincero del todo y te tenga también cierta envidia, pero es bueno dar oportunidades. Puedes estar ante una persona que valga la pena.
Otra opción es intentar explicarle al primero que el Ferrari te lo has comprado tú con tu dinero porque trabajas como un cabrón y te va muy bien, pero realmente el ya te ha etiquetado. No se si merece la pena.
Pues esto, con tu cuerpo, lo mismo.
Habrá quién pensará que te lo has comprado metiéndote de todo, como si aún así fuera fácil, ya sabes. Pero tú sabes lo que tienes y cómo lo has conseguido.
Créeme, no es inteligente cabrearte por estas cosas. Te puedes pasar la vida de bronca en bronca. No compensa.
A la gente inteligente de verdad le resbalan los comentarios chorras. Seguro que vives más tiempo y más a gusto, mirando al que te dice lo del winstrol con su tripa cervecera, o su bracito muslopollo. Que le den por saco, hombre. El refranero es muy sabio: "a palabras necias..."