Es que el mundo en que vivimos es una mentira detrás de otra.
Creemos que hay una democracia, cuando realmente solo hay dos partidos con opciones de ganar, que van a buscar el pelotazo durante su legislatura. Si por casualidad les salen las cosas bien, pues mira, aún tendrán la suerte de que se les recuerde de forma positiva. Si no no pasa nada, van a cobrar un sueldo vitalicio igualmente.
Creemos que hay un libre mercado, cuando todo es un juego que manejan los bancos. Si la economía va bien, ya se encargarán de subirnos la hipoteca para que no gastemos más de la cuenta y no se dispare la inflación. Si la lían gorda jugando al monopoly no pasa nada tampoco, los gobiernos les sacarán a flote con nuestros impuestos.
Creemos que hay un mercado laboral abierto donde todos tenemos oportunidades de progresar, cuando la realidad es que las grandes multinacionales pueden acabar de un plumazo con cualquier atisbo de competencia para no ver alterada su posición dominante. Si estas multinacionales realizan prácticas abusivas tampoco pasa nada, ¿o acaso han clausurado alguna operadora de Internet por realizar spam telefónico? ¿O han cerrado algún periódico por mentir?
Y todas esas falsas creencias no son más que un simple compendio de operaciones de márketing que nos prometen el tan cacareado estado del bienestar. Y a pesar de que creemos darnos cuenta de ello, no movemos un dedo. Decimos que todos los políticos roban y sin embargo seguimos yendo en masa a votar. Decimos que la Coca Cola, el McDonalds, Heineken o Marlboro perjudican la salud y sin embargo esas empresas cada vez obtienen más beneficios. Decimos que los periódicos mienten y luego cada vez tienen más tirada diaria. Y así podría seguir...
Lo que sucede es que nos venden el momento actual como el más perfecto de la historia. Lo tenemos todo, dicen. Y si miramos atrás, vemos que nuestros abuelos pagaban su casa en muy poco tiempo, mientras que nosotros ahora tendremos que estar toda la vida hipotecados. Pero no importa, porque hace años nuestros abuelos se tenían que levantar del sofá para subir o bajar la persiana y nosotros lo hacemos pulsando un botón a distancia. Y si alguien se le ocurre disentir y decir que antes se vivía mejor, se le muestra una foto de antes y una de ahora. Da igual que en la foto de antes salga una persona sonriente y en la de ahora un rostro con síntomas visibles de estrés: la de antes era en blanco y negro y la actual en color. No hace falta, por tanto, explicar nada más.
Me quedo con una frase de Marx: "El esclavo tenía una ventaja sobre el trabajador asalariado: mientras que el esclavo, al ser comprado, tenía asegurada su manutención y alojamiento vitalicio, el asalariado puede encontrarse cualquier día pasando hambre y frío en la calle." ¿Es esto progreso? No, es simplemente márketing.
Saludos