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A simple vista Zara Hartshorn parece una anciana, pues tiene el rostro lleno de arrugas, bolsas en los ojos y la piel descolgada. Sin embargo, tiene solo 13 años. La adolescente sufre una rara enfermedad genética que ha convertido su vida en una pesadilla.
Su madre, Tracey, ya sabe lo que significa tener la apariencia de su hija siendo solo una adolescente, pues ambas sufren de la misma enfermedad llamada lipodistrofia, que produce la ausencia de tejido adiposo bajo la superficie de la piel.
“*Me llaman “abuelita” y “mono”*. Algunas veces me meto en el baño y me pongo a llorar (...) A veces les contesto y luego corro, pero otras veces tan solo me aguanto”, cuenta la niña que ha sido presa no solo de las burlas de sus compañeros.
Su madre, Tracey, abandonó la escuela por no soportar las burlas y ahora, con cinco hijos, tres de ellos con lipodistrofia, solo quiere ayudar a Zara que tiene la enfermedad en su estado más grave y la autoestima por los suelos. La mayoría de pacientes con esta enfermedad se somete a cirugías para mejorar su aspecto físico.
DATO
Alrededor de unas 2.000 personas en todo el mundo padecen esta enfermedad, que, en la mayoría de los casos, es hereditaria.
Aveces uno se olvida, pero hay que agradecerle a dios, o a nuestros padres por ser como somos.