La transparencia
Nos gusta que estén enamoradísimas de nosotros. Lo mejor que nos puede pasar es que piensen que como nosotros no hay otro, y que somos el mejor novio que pueden tener.
Nos encanta que después de alguna frase matadora tal como: “Sos lo mejor que me pasó en la vida”, nos abracen y nos digan: “Mi amor, como te quiero…”
Creemos que a las mujeres les encanta tener un novio super enamorado y absolutamente fiel. Claro que una cosa suele ser consecuencia de la otra. Una mujer, al saber que su novio está tan, pero tan enamorado, la fidelidad la da por sentada. Pero por si tienen alguna duda, nosotros nos encargamos de decirles y demostrarles que jamás otra mujer podría desviarnos siquiera la atención.
Estamos convencidos de que eso sumará puntos a nuestro favor dado que ellas escuchan constantemente historias de hombres que le son infieles a sus parejas y el hecho de tener la seguridad absoluta de que su novio jamás haría una cosa así, provocaría que lo considere un tesoro que no puede permitirse perder bajo ningún punto de vista.
El razonamiento es lógico. Pero lo que tenemos que tener en cuenta es que las mujeres casi nunca utilizan la lógica.
Con el correr de los meses, esa confianza absoluta, ese saber que estamos constantemente pensando en ella, esa seguridad que le brindamos en cada momento, se volverá en nuestra contra.
Si la montaña rusa no tuviera un par de bajadas que te ponen los huevos en la garganta, sería una pelotudez.
Para una mujer, un novio totalmente transparente es como una montaña rusa casi toda en línea recta y que viaja a una velocidad moderada. Al principio están recontentas porque tal vez antes de subir tenían un poco de miedo de sentir vértigo y no lo sienten, pero con el correr de los minutos se empiezan a aburrir, y si la vuelta dura más de la cuenta, ya se van a querer bajar. El diseñador de esa montaña rusa no entendería el por qué del fracaso. “Si la bajadas violentas les producen nauseas, y la velocidad les produce vértigo, ¿por qué les disgusta mi montaña rusa que es tan lenta y tranquila?”
Una mujer no va a dejarte porque tenga alguna duda sobre tu fidelidad. Menos aún por sospechar que alguna otra mujer quiere ocupar su lugar. Al contrario, eso hará que te valore más, porque en vos tiene algo que otras quieren tener, y que tal vez podrían quitarle. Es probable que tu vida se desarrolle de tal manera que realmente
ella no tenga ningún motivo de sospecha. Si es así, inventate algo. Cualquier cosa. Una compañera de trabajo que está muy buena y es muy puta, una ex novia que te llamó, una reunión de viejos compañeros de colegio donde van a asistir un par de antiguos amores, una almacenera que te mira, lo que sea.
Decile que eso para vos es algo sin importancia y que la querés sólo a ella, pero no lo hagas jurándoselo, abrazándola y con los ojos lagrimosos. Decíselo dejando que ella quede con alguna duda de que le estás ocultando algo.
Ahí va a tener su bajada en la montaña rusa.
Si somos absolutamente transparentes, no tienen nada por descubrir y se terminan aburriendo. Es más, mostrarse transparente es como mostrarse vacío.
En ese caso cuando te diga “Hasta la vista, Baby” no vas a entender qué es lo que hiciste mal.
Te lo digo yo: lo que hiciste mal, es haber hecho todo bien.
El día que ella tenga la absoluta seguridad de que vas a quererla sólo a ella por siempre y que jamás serías capaz de tener una aventura, agendalo como “el día que comenzaste a perderla”.
Se dio vuelta la tortilla
¿Cómo se llegó a esta situación?, te preguntarás en determinado momento. Si estaba muertísima con vos. Al principio ella te veía como si fueras un Dios y vos tenías un terrible agrande. Era ella la que sentía que tenía que ir todos los días de rodillas a Luján por tenerte y eras vos el que jugueteaba creándole de vez en cuando alguna duda o inventándole alguna historia para ver su reacción desesperada ante la mínima posibilidad de perderte.
Era super celosa y eso te encantaba. ¿Qué pasó?, te preguntas.
Lo que pasa en muchos casos es que de a poquito y sin darse cuenta el hombre va dando vuelta la tortilla hasta que se coloca por debajo de la mujer. Ahora es el hombre el muerto que suplica y ella la agrandada.
Es fundamental darse cuenta de esto a tiempo o vamos sin frenos hacia el precipicio.
Imaginemos la siguiente situación.
Ella no te llama un día entero y vos al otro día te mostrás totalmente molesto y enojado. Le estás demostrando que si no tenés noticias de ella por veinticuatro horas te morís. Le estás diciendo en otras palabras que la necesitas más de lo que ella cree. Y ellas perciben todo. Nunca las subestimes por más enamoradas y boludas que parezcan.
Tu reacción fue simplemente un acto de sinceridad, pero ella la va a tomar como un acto de debilidad. Le estás diciendo que ella tiene más importancia en tu vida de la que suponía.
Es en esos casos donde la tortilla comienza a darse vuelta.
Si no le hubieses dado importancia al hecho, o mejor aún, si al otro día no te hubiese podido ubicar ella, la situación sería muy distinta.
Obviamente un solo hecho como éste no va a cambiar nada, pero lo que sucede es que éstos nunca son totalmente aislados. Es la suma de actitudes similares a la recién descripta lo que va haciendo que nuestra posición dentro de la pareja varíe.
Es que en realidad al principio tal vez vos también estabas super enamorado, y se lo demostrabas pero hasta ahí. Con el paso del tiempo nuestras demostraciones de amor comienzan a ser más fuertes y paralelamente las de ellas más débiles. ¿Por qué?, porque no tienen la necesidad de comprobar a cada momento lo que
sentimos dado que no les dejamos espacio para la duda. De un día pera el otro comenzamos a excedernos en los “te quiero”, los “te amo” y los “te extraño”, somos nosotros los celosos y pasamos también a ser nosotros los que demuestran miedo a perderlas. A las mujeres les gusta que estemos “enamorados”, no “entregados”. Cuando nos queremos dar cuenta, la situación inicial está totalmente invertida.
Gran cagada. Cagada de la que fuimos artífices nosotros mismos.
Esto se puede revertir pero es bastante difícil. Cuando un nene le pierde el miedo al cuco es muy difícil que alguien lo vuelva a asustar con lo mismo.
Si no nos dice que nos quiere tan seguido, lo ideal no es preguntárselo, sino que sienta el mismo temor que nosotros y sea ella la que se vea obligada a preguntar: “¿qué te pasa?, ¿no me querés como antes?”
Pensemos antes de actuar. No perdamos nuestro espacio.
No las llenemos de raros planteos, dudas, preguntas, celos y boludeces. Siempre tienen que sentir que somos más de lo que ellas pueden pretender. Y para que realmente sientan que somos más de lo que ellas pueden pretender, no tenemos por qué ser nosotros los temerosos, los celosos, los babosos… en fin, los boludos.
Esas tienen que ser ellas.
“Nunca permitas que un extraño sepa lo que estás pensado”, dijo Marlon Brando en su papel de Vito Corleone en la película “El Padrino”.
Y ellas son extraños. Nos equivocamos si creemos lo contrario.
Cuando somos excesivamente abiertos y transparentes y expresamos todo lo que sentimos estamos perdiendo puntos. Y los están sumando ellas.
Porque como dijo mi amigo Nando, “El amor es un juego. Un juego de dos”.
Epa, te dejó
Lo tan temido sucedió. Tal vez sin darte demasiados Indicadores de Quilombo, así como así te dejó.
Que increíble. Vos tal vez podrías haber estado mal con ella alguna vez, pero no la hubieras dejado de esa manera porque no te hubiese gustado verla sufrir.
Tal vez te pudo gustar alguna otra mina, pero la dejaste pasar.
Y ella la hizo de una.
Lamentablemente debo decirte que en un 99.9% de los casos en los que las mujeres nos dejan, es por otro hombre.
¿Cómo? ¿Qué ese no es tu caso?
Detengámonos en ese punto.
Creés que tu novia, a esta altura vamos a empezar a llamarla ex novia, es un ser único e irremplazable, y que tu caso es diferente a todos los demás. Creés que ella está confundida en serio y te hizo creer que vos, por ciertas actitudes que tuviste, sos el culpable de esta situación. Son un fenómeno.
Es probable que vos veas tu caso como el de “un tipo muy enamorado de su novia que hizo algunas cosas may y provocó que la pobrecita indefensa y buena chica se confundiera y esté sufriendo por tener que dejarlo”.
Si vieras tu mismo caso pero en otra pareja lo describirías como el de “un pobre pibe que la turra de la novia lo está dejando por otro”.
Es que cuando estamos muertos con ellas nos dan vuelta como una media y nos hacen creer cualquier cosa.
¿Alguna vez analizaron la letra de la canción “When a man loves a woman”?
Bueno, dice así:
When a man loves a woman
Can’t keep his mind on nothin’ else
He’d trade the World
For a good thing he’s found
If she is bad, he can’t see it
She can do no wrong
Turn his back on his best friend
If he puts her down
When a man loves a woman
Spend his very last dime
Trying to hold on to what she needs
He’d give up all his comforts
And sleep out in the rain
If she said that’s the way
It ought to be
When a man loves a woman
I give you everything I’ve got (yeah)
Trying to hold on
To your precious love
Baby please don’t treta me bad
When a man loves a woman
Deep down in his soul
She can bring him such misery
If she is playing him for a Fol.
He’s the last one to know
Living eyes can never see
Yes when a man loves a woman
I now exactly how he feels
‘Cause baby, baby, baby
I am a man
When a man loves a woman
C. Lewis y A. Wright
Lo que en castellano significa:
Cuando un hombre ama a una mujer
no puede pensar en otra cosa.
Cambiaría el mundo
por eso tan bueno que ha encontrado.
Si ella es mala no puede verlo
ella no podría hacer algo equivocado.
Le daría la espalda a su mejor amigo
si él la critica.
Cuando un hombre ama a una mujer
gasta hasta el último centavo
tratando de sostener lo que necesita.
Renunciaría a sus comodidades
y dormiría bajo la lluvia
si ella le dijera que esa
es la manera de hacerlo.
Cuando un hombre ama a una mujer
le da todo lo que tiene
tratando de aferrarse a su preciado amor.
“Nena, por favor no me trates mal”.
Cuando un hombre ama a una mujer
profundamente en su alma
ella puede volverlo muy miserable.
Si ella juega con él como un tonto,
él es el último en saberlo.
Ojos enamorados nunca pueden ver.
Sí, cuando un hombre ama a una mujer
sé exactamente como se siente.
Porque nena, nena, nena,
yo soy un hombre.
Cuando un hombre ama a una mujer.
Y es así nomás, aunque parezca exagerado es así.
Mi amigo Marcelo llevaba un año y medio de novio, y había tenido poco tiempo atrás un paréntesis en su relación donde su novia había salido con otro tipo.
Al tiempo de reiniciado el noviazgo, mi amigo le lee la agenda (la cual su novia guardaba siempre muy celosamente), y encuentra en el día de la fecha lo siguiente: “Sergio, te extraño, te quiero, Sergio, quiero estar con vos”.
El tipo, partido al medio, va y la encara pidiendo explicaciones. Primer error, dado que en un caso como éste no hay nada que explicar ¿O me equivoco?
Lo único que cabe es dejar la agenda abierta como para que se entere que la leímos y tomarnos el buque. Y si quiere, que nos llame y nos pida perdón. ¿Vieron qué sencillas que se ven las cosas cuando les pasan a los demás? Pero bueno, mi amigo Marcelo en lugar de actuar de esta forma fue con la agenda a decirle: “¿Qué es esto?”
¿Cómo terminó la historia? Con mi amigo diciéndole: “Perdoname, sé que no debí haber leído tu agenda, que es algo privado tuyo. Te prometo que no lo voy a hacer más”.
When a man loves a woman.
Sí, ya sé, querido amigo, que estarás pensando que Marcelo es el rey de los pelotudos, y tenés razón. Pero ojo. Nos dominan. Cuando estamos muertos con ellas nos tienen en sus manos y hacen de nosotros lo que se les ocurre.
Como por ejemplo hacernos creer que por nuestra culpa se sienten ahogadas o mil cosas por el estilo cuando en realidad lo único que les pasa es que se les cruzó otro tipo.
¿Y seguís pensando que no es tu caso?
When a man loves a woman.
¿Alguna vez escucharon que una mujer le diga a su novio “Te dejo porque me gusta otro”?
No. Es que nunca lo hacen.
El corazón, el peor consejero
Cuando algo nos duele, lo que necesitamos es alivio inmediato. Si nos quemamos un dedo lo primero que sucede es un acto reflejo de retirarlo del fuego y enseguida lo soplamos o lo metemos abajo del agua.
En cuestiones de dolores de amor queremos hacer lo mismo, pero nunca funciona. Queremos sin pérdida de tiempo que eso tan feo que sentimos desaparezca. ¿Y cuál es la única forma de que desaparezca el dolor porque tu novia te dejó? Que vuelva.
En realidad esto no es cierto, pero hoy en tu mente no cabe la posibilidad de reemplazarla u olvidarla. No te preocupes. Es normal que así sea.
Es entonces cuando debemos saber separar lo que nos dice nuestro corazón de lo que nos nuestra mente. Nuestro corazón nos hace hacer cagadas. Siempre. ¿Por qué? Es simple: Porque no piensa. Para pensar está la mente. El corazón está para sentir.
Y no sólo que el corazón no sirve para pensar, sino que en estos momentos está lastimado.
Un pie no sirve para agarrar un vaso, para eso está la mano. Imaginá entonces intentar agarrar un vaso con un pie y encima que ese pie esté lastimado. Se entiende ¿no?
Es muy común también que en estos casos recibas una parva de consejos de familiares y amigos, que con sus corazones enteros te dirán que hacer. Pero te sorprendería ver que ellos en tu situación no harían nunca nada de eso que hoy están aconsejándote.
“Antes de la pelea, todo el mundo dice
lo que tenés que hacer,
pero cuando te subís al ring te sacan hasta el banquito.”
Ringo Bonavena.
Cuando tengas necesidad de escuchar su voz, tu corazón te va a decir: ¡¡Llamala ya mismo!!
Cuando tengas necesidad de verla, te va a decir: ¡¡Andá a buscarla!!
Cuando tengas necesidad de que te quiera, te va a decir: ¡¡Mandale flores!!
Y vos, en la necesidad de sentirte mejor de manera inmediata, lo vas a hacer. Y es ahí donde vas a estar moviéndote para salir de las arenas movedizas.
Por eso, para aconsejar está la mente. Claro que es muy difícil separar inteligencia de sentimientos, pero no queda otra que intentarlo porque sino nos hundimos.
No es fácil. No es nada fácil. Pero lamentablemente, lo fácil, o lo que nos dicta el corazón, nunca o casi nunca nos da los resultados que deseamos.
En resumen, es momento de decirle: “Querido corazón, vos mejor no opines. Dejá que mi cerebro maneje esto, porque vos estás hecho mierda. Mejor descansá, tomate unas vacaciones. No jodas”.
Lo que pasa es que muchas veces el turro se hace el desentendido y en cuanto nos distraemos vuelve a arremeter con uno de sus consejos espantosos. Así que hay que estar alerta para no dejarse sorprender. Más adelante te va a agradecer a vos y a tu mente por haber manejado la situación de la manera que lo hicieron y así haber logrado que se sienta bien.
El primer paso, asumir la realidad
“Miénteme, como siempre.
Por favor miénteme.
Necesito creerte, convénceme.
Miénteme con un beso,
que parezca de amor.
necesito creerte,
culpable o no”.
Tema: Culpable o no.
Autor: Juan Carlos Calderón.
Intérprete: Luis Miguel.
La única forma de que te vaya bien con las mujeres pensando así, es que seas Luis Miguel. Y vos no sos Luis Miguel.
A veces duele ver ciertas cosas y por eso preferimos no verlas, convenciéndonos a nosotros mismos de que son de otra manera.
A partir de este momento comienza una batalla. Y sos vos contra ella. Suena feo, pero es así. Y hay que ganarla.
Para eso es fundamental asumir la realidad de la situación utilizando la mente y no el corazón, como dijimos anteriormente. No nos hagamos trampa jugando al solitario.
Mi amigo Willy una vez en una sobremesa, hablando de su novia y ante la sorpresa de todos dijo: “La Isa es muy buena… pero muy puta”.
Un fenómeno, ¿cómo iba a decir que la novia era muy puta? Y bueno, si en realidad lo era, era mejor asumirlo.
Tal vez cuando conociste a tu ex, ella estaba de novia con otro tipo y lo dejó por vos. Pero claro, vos eras un tipo especial y el ex era un paquete. Las pelotas. Si hace un tiempo ella fue capaz de hacer eso con alguien, ¿por qué no podría volver a hacerlo con vos? Es fundamental que asumas la verdad de la situación por dolorosa que sea.
Dejá de pensar que tu ex es única en el mundo. Es igual que todas, o que la gran mayoría. ¿Creíste que era diferente? Bueno, los hechos actuales te están demostrando que no. ¿Duele? Y sí… duele, pero es mejor darse cuenta de todo, asumirlo y tirarse a llorar un par de horas (o de días) en la cama boca abajo y a los gritos, que seguir pensando cosas que no son reales.
Es clásico engañarse creyéndoles, por ejemplo, cuando nos dicen “Estoy confundida”.
¿Alguna vez estuviste “confundido” con respecto a lo que sentís por ella?
No.
Si alguna vez hubieras estado “confundido”, ¿se lo hubieras dicho?
No.
Lo que hubieras hecho en ese caso es esperar a que se te pase la “confusión” antes de abrir la boca y hacer macanas.
Y entonces, ¿por qué ella dice con tanta naturalidad y seguridad “estoy confundida”?
En el amor nunca nadie está confundido. La confusión no existe.
Uno se confunde cuando en lugar de agarrar por una calle agarra por otra y se va a parar a la mierda.
Todo el mundo sabe perfectamente si quiere o no a su pareja.
O sea que ahí te está mintiendo. Reconocelo. No te engañes.
Puede ser que no te quiera más, o que sí te quiera pero hay algún nabo que le está moviendo el piso. Ojo, dije el piso y no el guiso (al menos por ahora).
Bueno, che… lo del guiso fue un chiste… no te pongas así… pero guarda, hay que ser fuerte con respecto a todo. Yo sé que es casi imposible mancarse la idea de que tu novia o ex novia esté en bolas en la cama con otro tipo, pero si esa es la realidad que tenemos que enfrentar, también vamos a tener que poner huevos y asumirla, y no tratar de taparla para no verla. Porque en ese caso estaríamos viviendo una situación irreal y nuestro accionar nunca nos conducirá a buen puerto.
Sería algo así como estar en New York creyendo que estamos en París y decirle a un taxista que nos lleve a la torre Eiffel. Evidentemente no vamos a llegar a ningún lado.
O sea. Conozcamos y asumamos la realidad de lo que está pasando.
Si le gusta otro tipo, le gusta otro tipo.
Si es lesbiana, es lesbiana.
Si es medio atorranta, es medio atorranta.
No disfracemos las cosas aunque duelan.
Desaparecé
Tu novia te pidió un tiempo. O simplemente te dejó.
Ambas cosas son lo mismo.
No te engañes diciendo: “Sólo me pidió un tiempo”.
¿Vos le hubieras pedido un tiempo? No. En este período en que están separados, ella sabe por medio de amigos en común, o a veces por vos mismo, todo cuanto sucede en tu vida: que estás mal, que no tenés ganas de salir, que te compraste una camisa verde, que se te rompió el auto, que la extrañás, que diste mal un examen, que fuiste a jugar fútbol, que hiciste un gol de cabeza, etc. Entonces, ¿qué problema tiene? Ninguno.
Para ella ésta es una situación fácil de sobrellevar, porque no te pierde el rastro y sabe que vos estás esperándola y que en el momento en que ella lo decida, con un simple llamado telefónico vos estás a sus pies.
¿Y por qué provoca toda esta situación si realmente te quiere? Y bueno… no le tratemos de encontrar una explicación es una cuestión de conchudaje. Pero, ¿qué pasaría si ella de vos no supiera nada? Si vos jamás la llmás, ni te la encontrás “de casualidad” en ningún lado, si ella “de casualidad” va a algún sitio donde sería lógico encontrarte y vos no estás, si los amigos en común no le cuentan absolutamente nada, pensemos, ¿qué pasaría? Y… entonces no estaría segura de que te tiene esperándola.
Por primera vez empezaría a sentir que si quiere volver tal vez no pueda.
La idea de pensar que vos podés estar bien sin ella la mata. Como la luz del sol a los vampiros. Estas alimañas se mueren de pensar que estamos bien a pesar de que ellas nos dejaron. Sin duda va a querer saber algo. Es tu trabajo hacer que no pueda saber nada de vos.
No le cuentes a los amigos en común que estás mal por ella, ni que la extrañas, ni nada. Demostrá que tu vida sigue sin complicaciones. Salí, reíte delante de ellos (aunque no tengas ganas).
Cuanto más tiempo transcurra sin que ella sepa algo de vos mejor, y si cuando se entera de algo es de que vos estuviste en la fiesta de Pirulito cagándote de risa, te puedo asegurar que se le viene toda la estructura abajo. “¿Pero cómo? ¿no me extraña?”. Son conchudas.
Y el golpe maestro es salir con otra mina. Tener un romancesito aunque mucho no te entusiasme. Es fundamental que no parezca hecho a propósito para darle celos porque ahí sonaste. Ella se va a enterar. No hace falta que se la trates de mostrar. Siempre alguien se lo va a contar. Y ahí explotan. No se lo bancan ni un segundo. Si te quiere, va a volver seguro. Lo principal es de-sa-pa-re-cer.
¿Querías un tiempo? Ahí lo tenés.
Un encuentro inevitable
En ese período de ruptura momentánea (o no momentánea) resulta que te la encontrás en el cumpleaños de un amigo en común, o algún otro evento similar. Qué situación. Pero hay que afrontarla y hay que capitalizarla a tu favor.
Qué buena oportunidad para volver a verla y decirle cuanto la querés, cuanto la extrañas y que por qué no vuelven a estar juntos ¿no? ¡¡¡NO!!!
Ponete tus mejores ropas y ejercitá la sonrisa frente a un espejo durante por lo menos veinte minutos antes de ir a la fiesta, para que no se note que hace muchos días que no sonreís.
Saludala como a todos los demás. Sin más ni menos efusividad.
No busques estar en el grupo donde está ella, pero si naturalmente se da, actuá como si ella fuera uno más de tus amigos.
Si tenés que decirle algo, decíselo con naturalidad: “¿Me pasás ese vasito? Gracias”.
El darle demasiada bola, como el ignorarla totalmente, son señales de debilidad. Demuestran que estás incómodo por su presencia y eso sólo puede suceder cuando estás hecho mierda por ella, y eso es lo que estamos tratando de ocultar.
Una acción inteligente es estar en un grupo donde esté ella y de repente separarte de ese grupo e irte a hablar con otros, o a otra habitación. No lo va a poder creer. Esto la va a desconcertar totalmente.
Y lo que es la estocada final: andate del lugar antes que ella. Aunque sea temprano. No importa. Sin dar mayores explicaciones saludás a todos y te vas.
Si algún amigo te pregunta adónde vas, como mucho simplemente decís: “Me tengo que ir, bolú…”
Si pudiste de antemano programar algo para hacer, mejor. Y si no, andate a tu casa, metete en la cama, mirate alguna película, llorá un rato y quedate dormido. Te aseguro que ella la va a pasar peor que vos y que éste será un paso importantisimo hacia tu reconciliación. Jamás podría haberse imaginado que estando ella en un lugar vos te irías.
¿Qué está pasando? Ya no te tiene bajo su control. Eso es bueno para vos.
Consejos de mujeres
Germán y Mariana se conocieron en un cantobar. Ambos iban allí todos los viernes y sábados con sus hermanos y amigos. Todos eran habitués del lugar.
Un día, Marianita “se confunde” y le pide a Germán “un tiempo”, a lo que Germán responde: “Ningun tiempo, si no me querés cortamos”.
Hasta ahí diez puntos lo del tipo, a pesar de que después de decir eso, quedó como si lo hubiera pisado un desfile.
Pero hete aquí que de esta manera, la que quedó también destruidita fue ella, porque con eso de pedir “un tiempo” las mujeres se aseguran su libertad de acción, actúan como si no tuvieran pareja, pero sabe que cuando quieren vuelven y nosotros ahí estamos.
Además seamos conscientes de que ese tiempo puede ser un día, como un mes, como una vida.
Germán y Mariana entonces no se vieron ni hablaron durante toda la semana.
El sábado siguiente, Germán no fue al cantobar por consejo de su hermano, quien sí fue, acompañado de su novia Marta.
Esa noche Mariana estaba sola sentada en un rincón y se la veía muy triste y callada.
Fue entonces cuando Marta (la novia del hermano de Germán) se le acercó para charlar un poco y preguntarle qué le pasaba. Mariana rompió en llanto: “Lo extraño. Lo quiero”, fueron algunas de las mil cosas que ella dijo entre llantos y sollozos. Mariana a los tres días se iba a ir de viaje una semana. Estaba desolada. Destruida.
Al día siguiente Marta le contó a Germán todo lo que había pasado. Y además le aconsejó llamarla “urgente” para que hablen y se arreglen.
Su hermano en cambio le aconsejó otra cosa: “Si ella está llorando, -le dijo-, es por una situación que ella misma buscó. Dentro de tres días se va una semana de viaje. Dejala que se vaya llorando, total a vos qué te cambia, si igual a ella durante toda la semana no la vas a ver. ¿O acaso vos no estuviste destruido también estos días? ¿Para qué vas a hacer que se vaya de viaje con la tranquilidad de que te tiene? ¿Para que se confunda de nuevo? Si ella ahora está tan mal por vos, dejala que se vaya llorando y llamala cuando vuelva”.
Por supuesto Marta saltó para el carajo: “No seas hijo de puta, pobrecita, que está hecha mierda. Llamala, llamala”.
Está demás decir que Germán le hizo caso al consejo de Marta y al de su corazón y no al de su mente y al de su hermano. Y llamó.
Riiiiing, riiiiing.
Ella: Hola.
El: Hola Mariana, soy Germán.
Ella: Ah, como estás. (Epa, no se notaba mucha emoción).
El: Bien… Me gustaría que hablemos un poco. ¿Podríamos ir a tomar un café?
Ella: Hoy no puedo.
El: ¿Mañana?
Ella: Mañana tampoco.
El: Bueno, ¿cuándo?
Ella: Y… podría ser… el viernes.
Y ahí fue como quedaron en verse el viernes, pero obviamente algo no olía bien. La actitud de ella no era acorde a lo descrito por Marta.
Y se encontraron nomás.
Cuando Germán le propone que vuelvan a estar juntos, ella muy en superada le dice que no. Que en todo caso volverían a hablar al regreso de su viaje.
Y ni rastros de las lágrimas, ni de los “lo extraño” y los “lo quiero”.
Y como si todo esto fuera poco y por el mismo precio, la tipa se va de viaje (muy tranquila sabiendo que su ex estaba muerto con ella y esperándola), conoce otro tipo y se “confunde” más todavía, motivo por el cual a su regreso, cuando Germán la llama, ella le saca una tarjeta roja más grande que una casa.
Conclusión, nunca aceptes consejos de mujeres. Ellas ven las cosas desde otra óptica. Puede ser que alguna vez acierten en algo, pero éste sería un hecho fortuito.
Es muy sencillo, no pueden dar consejos sobre lo que no saben. Ellas, excluyendo las lesbianas, nunca se levantaron una mina, nunca una mujer las dejó, ni nunca tuvieron que remar para recuperar una.
Ellas que opinen de hombres porque de mujeres no saben nada.
Y si no fijate cuando la ven a Pamela Anderson y te dicen: “Mide un metro cincuenta” y a vos te dan ganas de decirle: “¡Y a mí que carajo me importa cuanto mide!”, o que tal o cual “está toda operada”, y vos la partirías como un queso.
Las mujeres no pueden opinar sobre mujeres.
La lástima, el peor enemigo
“Lo que pasa es que me da lástima”, dijo Alejandra con respecto a Alberto, su ex novio. Y ése seguramente fue el final de las aspiracione de Alberto de recuperar a Alejandra.
Es muy probable que en el momento de cortar, ella no sintiera lástima por él, pero las actitudes que éste tomó en pos de recuperarla despertaron ese sentimiento en ella.
Cuando una mujer siente lástima por un hombre se acabó el juego. Y el hombre perdió.
La persona que en algún momento sintió amor por nosotros, y ahora nos ve mal por su culpa, es probable que sienta lástima.
La lástima es un recurso que utilizan algunos hombres como un último salvavidas sin darse cuenta que están tratando de florar agarrándose de un yunque.
Como Pablo, que con un aerosol negro pintó en una pared en frente de la casa de su ex un graffiti que decía: “Me enseñaste a amarte pero no a olvidarte. Pablo”.
Pablo cagó.
Las mujeres no vuelven con uno porque le tienen lástima. La lástima no es un sentimiento que provoque amor.
Parece lógico pensar que si una mujer nos quiere, no le guste vernos sufrir, y si estamos sufriendo porque ella nos dejó y no desea lastimarnos, va a volver con nosotros. Pero no.
La lástima y el amor son dos sentimientos que nunca pueden coexistir.
¿Y por qué pueden tenernos lástima?
Porque un amigo nuestro va y le cuenta lo mal que estamos. (Por lo general por indicación nuestra).
Porque nos encuentra hasta en la sopa con cara de “mi amor no puedo vivir sin vos”. (Busqué infructuosamente otro ejemplo para esa cara, pero no lo encontré. Es única.)
Porque le suplicamos.
Porque lloramos.
Porque le escribimos una carta contándole que no podemos estar sin ella.
Porque se lo escribimos en una segunda carta por si no entendió la primera.
Porque andamos desaliñados y con barba de una semana.
Porque llamamos por teléfono doce veces por día.
O te quieren o te tienen lástima, por lo tanto si provocamos lástima, estamos evitando que nos quieran. Y si no nos quieren no vuelven. Elemental Watson.
Si saben que estás muerto, estás muerto
En una noche de viernes, me puse a chatear en una sala donde lo hago habitualmente.
Conozco, aunque no personalmente, a mucha gente de allí.
Esa noche me puse a charlar con “Dana” (ese es su nick en la sala).
Dana es una chica que vive en Chascomús y ya varias veces habíamos estado chateando, por lo que teníamos bastante confianza.
La conversación que se desarrolló, fue la siguiente.
Yo: Hola Dana, ¿Cómo estás?
Dana: Estoy muy mal.
Yo: ¿Querés contarme?
Dana: Sí, estoy destrozada por amor.
Yo: Epa, si me querés contar tal vez te pueda ayudar en algo…
Dana: Estoy re-enamorada de alguien con quien no puedo estar. No puedo más…
Yo: Pero contame bien la situación.
Dana: El es mi ex pareja, estuvimos juntos siete años. Hace un año nos peleamos pero mantuvimos una relación de amistad. Hace como un mes, empezamos a hacer el amor de nuevo y me di cuenta que es el amor de mi vida… lo amo… y él también me ama con toda su alma, pero está con otra mujer y no la va a dejar… creo que me voy a morir.
Yo: si te ama tanto, ¿por qué no puede estar con vos?
Dana: Porque dice que no quiere hacerme mal. Que no quiere borrar la sonrisa que lo enamoró.
Yo: Perdoname, pero que te ama y no quiere dejar a la otra para estar con vos es mentira. ¿No te das cuenta que no cierra?
Dana: Pero es lo que él me dice… cuando estamos juntos haciendo el amor, y estuvo todo bárbaro, pero ahora que se fue estoy hecha pelota. Lo amo.
Fue entonces cuando se me ocurrió ahondar un poco más en la situación haciendo unas preguntas cuyas respuestas fueron claves para entender todo.
Prestemos atención y veremos como fue que Dana llegó a la situación de estar tan enamorada y desesperada por su ex.
Yo: Te quiero hacer unas preguntitas para aclarar un poco la cosa. ¿Puedo?
Dana: Dale.
Yo: Cuando se pelearon hace un año, ¿lo dejaste vos a él?
Dana: Sí.
Yo: ¿Y él cómo quedó?
Dana: Hecho mierda, hasta una vez amenazó con matarse.
Yo: Y durante este último año que no estuvieron en pareja, ¿se siguieron viendo?
Dana: Sí.
Yo: ¿Y él seguía enamorado de vos?
Dana: Sí.
Yo: ¿Y cuándo empezaron a curtir de nuevo?
Dana: Hace un mes.
Yo: ¿Y cuándo te enteraste que tiene otra mina?
Dana: Hace cuatro días.
Yo: ¿Y cuándo empezaste a sentir que lo amabas y querías volver a estar con él?
Dana: Cuando me enteré que está con otra.
Un capo.
El ex novio de Dana es un capo.
Analicemos un poco la situación.
Dana lo dejó hace un año y él quedó muy mal porque estaba perdidamente enamorado de ella. Hasta amenazó con matarse.
Durante un año se estuvieron viendo pero ella no quería volver con él.
Desde hace un mes que se están viendo como algo más que amigos, pero ella aún no quería volver.
Hace cuatro días Dana se enteró de que él tenía otra y ahí se le vino el mundo abajo y siente que es el hombre de su vida, y sólo quiere que estén juntos para siempre.
¿Por qué? Porque durante todo el tiempo que estuvieron separados, ella lo tuvo en sus manos. Sabía que cuando ella quisiera lo podía tener. A él por supuesto no le ocurría lo mismo con ella. ¿Cuándo aflojó? Cuando se dio cuenta de que no lo tenía más en sus garras. Que él ya no estaba a su disposición porque estaba con otra. Lo había perdido. Y fue ahí cuando se dio cuenta de que quería tenerlo.
Lo más probable es que la otra mina ni siquiera existiera. O si existía era sólo para darle celos a Dana y que reaccione.
El tipo era un capo. La estaba haciendo super bien. Encima cuando ella le dice que lo ama y que quiere estar nuevamente con él, el tipo le dice que no.
Un maestro, porque si aflojara enseguida, ella volvería pronto a sentir lo mismo que antes. Y para peor, la próxima vez que estuviera en una situación similar, el verso de la otra mina ya no sería creíble,
o si lo era, Dana sabría que cuando ella quisiera, él la dejaría y volvería.
Por lo tanto debía hacer que le cueste. Dana tenía que sufrir lo más posible.
No hay duda. Sólo se desea lo que no se tiene.
Entonces, luego de analizar toda la situación le di el siguiente consejo a Dana:
Yo: Y bueno, Dana… qué le vamos a hacer… a veces se gana y a veces se pierde.
O qué creían, ¿Qué me iba a pasar de bando y le iba a arruinar al pobre tipo todo el trabajo que estaba haciendo, que además era muy pero muy difícil?
Ni loco.
Como en el truco
Ellas deciden. Nosotros acatamos. Aunque para despojarse un poco de la culpa digan: “Fue algo mutuo”. Y tango lo dicen que hasta nosotros terminamos creyéndolo.
Si la situación actual es que nuestra mujer no quiere estar con nosotros por el motivo que fuera y eso nos tiene extremadamente mal, significa que nosotros no decidimos nada. Si hubiéramos tenido oportunidad de decidir hubiéramos dicidido seguir juntos. Y son ellas las que dicen “Ahora sí” o “Ahora no”.
Puede pasar por ejemplo una semana de separación con nosotros extrañándolas como locos y tal vez pensando que la situación no se recompondrá.
Suena el teléfono.
Nuestro corazón comienza a latir como si acabáramos de correr la maratón de 9 de Julio. No queremos que se dé cuenta de que estamos tan hechos de goma que atendemos al primer llamado, entonces esperamos a que suene tres veces. Jamás dejaríamos el contestador por miedo a que ella no quiera dejar un mensaje grabado. Respiramos hondo, ponemos voz de locutor de FM y decimos:
-Hola.
-Hola querido, habla la tía Francisca.
Tía Francisca y al reputa madre que te re-mil parió.
Y así puteamos para nuestros adentros a cuanto familiar o amigo llame en esa semana. Porque aunque no nos guste reconocerlo, estamos esperando que ella quiera volver a vernos y se digne llamarnos.
Finalmente un día, levantamos el puto auricular y es ella. Quiere vernos. Hay posibilidades de un arreglo. Por supuesto, cuando nos pregunta -¿Cuándo podemos vernos? –le contestamos: -¿Podés ahora?
Primer gran error.
Lo esperable sucede. Nos encontramos, charlamos un poco, nos abrazamos, nos besamos y creemos que ya está todo solucionado y que nos encaminamos juntos hacia una vida llena de dicha y felicidad donde este mal trance sólo se verá como un pequeño recuerdo que será tapado por millones de buenos momentos.
Segundo gran error.
Ella decidió dejarnos, nosotros acatamos.
Ella decidió volver, nosotros acatamos.
Ni bien nos extrañaron un poquito, nos llamaron y ahí estábamos.
Pero, ¿está solucionado el problema de fondo que generó el conflicto?
No.
Tal vez nosotros creamos que sí. Pero no.
Y entonces, si no está solucionado, ¿por qué volvieron?
Porque nos extrañaron un poquito.
Entonces la cosa no sólo que no mejoró sino que empeoró. Porque ahora sabe que si una vez pudo irse y volver, puede hacerlo nuevamente. Entonces a la menor duda en sus sentimientos se vuelve a ir. Total… se puede volver. En esos momentos somos como un yo-yo. Siempre nos tienen enganchados del hilito.
Nos tiran contra el piso, nos hacen patinar un rato y cuando se les da la gana, ¡¡¡Hop!!! Dan el tironcito y nos tienen otra vez en la mano. Entonces se entusiasman y empiezan a jugar mejor. Y nos hacen hacer el perrito, y el triangulito, y la vuelta al mundo. Y después vuelven a dar el tironcito y otra vez arriba. La tendencia es que esto se repita hasta que un día se aburran de jugar al yo-yo, se desenganchen el hilo y se lo regalen a algún primito o lo tiren a la mierda.
Ante estas situaciones sólo hay una salida.
Tener el quiero. Como en el truco.
Revertir la situación de manera tal que sientan que no son ellas las que deciden y nosotros los que acatamos.
Es difícil. Muy difícil. Pero la del yo-yo no nos lleva a ningún lado. Hay que cortar el hilo. Si estamos separados por decisión de ella, por supuesto hay que esperar que llame. Jamás llamar nosotros. Aunque encontremos una maravillosa excusa tal como “Tengo tu osito” o “¿Querés tus fotos?”
Si quiere su osito o las fotos te las va a pedir. Es probable que lo haga y que esto sea una excusa de ella para verte.
Que no lo logre. Si quiere verte que te lo diga con todas las letras como cuando te dijo que no te quería ver más. Si ese es el caso, decíle que si quiere sus cosas pase a buscarlas en un momento en el que vos no estés. Ahí la vas a desconcertar y por primera vez le va a temblar un poco el piso.
Sí, ya sé, para hacer esto tenés que ser San Martín. Pero no te queda otra. Te aseguro que si querés reconquistarla en serio, no te queda otra. Como ya dijimos antes, si nos quiere va a llamar, y si no nos quiere, para qué queremos que llame.
Ella, suponiendo que tiene el yo-yo en la mano, va a llamar para que se encuentren y hablar. Y ese es el momento para que el yo-yo cambie de mano.
Ahí es cuando vos tenés que pasar a tener “el quiero”.
¿Cómo? Sencillo.
Hay que tener huevos, pero es sencillo. Le decís que esa semana no podés. Y bueno… te dije que había que tener huevos.
¿No los tenés?
Ah bueno, entonces le decís que esa semana no podés, que a vos también te están pasando cosas y que también tenés que aclarar un poco tu mente (sanata total) antes de hablar con ella. Y lo que es fundamental, no pongas en esa primera conversación ninguna fecha, ni lejana, para ese encuentro. Limitate a decir: “Yo te llamo”. Ese “Yo te llamo” hizo que todo cambiara. Ahora ya no es ella la que decide y vos el que acata. Ahora ella no puede hacer más que esperar tu llamado y vos ya no tenés ese nudo en el pecho. Te sentís más desahogado porque sabés que el “quiero” lo tenés vos.
Se le cortó el hilito del yo-yo.
Dejá pasar un tiempo prudencial.
¿Cuál es el tiempo prudencial? No lo sé, depende el caso, pero como regla general te diría que cuanto más aguantes mejor, y que nunca ese tiempo sea inferior a tres días. Lo ideal es que tenga un fin de semana en el medio, donde ella se rompa la cabeza pensando que vos, teniendo la posibilidad de llamarla, te fuiste de joda solterito.
Si te vuelve a llamar insistiendo, volvé sobre lo mismo: “No puedo, yo te llamo”. Eso sí, después de que se arreglen no te mandes la ranada de contarle lo mal que estuviste en el tiempo que estuvieron separados, que no podías dejar de pensar en ella, que en realidad ese fin de semana te quedaste tirado en la cama rodeado de sus fotos y sus cartas. Eso le volvería a poner el hilo en el dedo y se tentaría de volver a jugar.
Que por unos días sienta que tal vez vos no la llames, que tal vez no quieras volver, que tal vez tengas otra. Después la vas a llamar, se van a encontrar, van a hablar y seguramente se van a arreglar.
Pero porque vos quisiste. No porque ella lo decidió y vos acataste.
Eso va a hacer que todo cambie de ahí en adelante. Ahora que sabe que no sos un juguete te va a valorar mucho más.
No le aflojes la pelota
En situaciones como la anterior o similares, a veces nos puede dar la sensación de que no estamos excediendo. Que estamos haciendo sufrir a la otra persona más de la cuenta. Y tal vez sea cierto, pero ese no es nuestro problema. Cuanto más nos extrañe y sufra por nosotros la otra parte, dicho sea de paso la que provocó el conflicto, menos posibilidades hay de que en el futuro se vuelvan a repetir estos acontecimientos.
En una época yo era empleado en una empresa muy importante, donde mi padre era gerente. Esta empresa un día decide organizar un campeonato de tenis. Los favoritos para ganar este torneo eran el Sr. González, presidente de la empresa, y yo.
El Sr. González jugaba al tenis asiduamente, dado que tenía una cancha propia en su estancia, y practicaba el juego desde hacía muchos años. Si yo quería ganarle sólo tenía una forma: poner absolutamente todo y no perdonarle ni un solo tanto, olvidándome que era el presidente de la empresa. De lo contrario, él se agrandaría y a mi me costaría volver a encontrar mi juego.
Yo sabía que podía ganarle, pero que perdería si intentaba regular el partido.
Fue así como utilicé toda la potencia en mis golpes, corrí absolutamente todas las pelotas, pegué con furia todos los smash que me dejó servidos y busqué sus puntos débiles provocando sus errores impiadosamente, ante la mirada represora de mi padre que quería que ambos conservaramos nuestros empleos. Si regulaba perdía.
Gané 6-1; 6-0.
-¿Era necesario? –preguntó mi padre al finalizar el partido con cara de orto.
Si quería ganar sí. Y yo quería ganar.
O sea que cuando te digan: “Pobre, llamala, está hecha mierda” o cuando ella insista con un “necesito verte hoy mismo”, seguí jugando sin aflojar la pelota.
Ganále si es posible 6-0; 6-0. Porque el riesgo es perder.
La única jugada ganadora
Tal vez recibiste de ella una carta, o un e-mail, diciéndote que te quiere pero que por algún motivo no puede seguir adelante con la relación. Que nunca va a dejar de quererte y que sos el amor de su vida, pero…
O tal vez en lugar de escribírtelo te lo dijo personalmente y se fue. Te ama pero por algún motivo dice que no quiere seguir adelante con la relación.
Pueden estar pasando dos cosas:
• Que te esté diciendo que te quiere porque te tiene lástima, y no quiere que te sientas tan mal porque te está dejando pero en realidad no quiere verte más. En este caso no podés hacer otra cosa que decir OK y seguir con tu vida de la mejor manera posible. Tal vez el hecho de no tenerte más la hace dar cuenta de que en realidad sí te quería. Si esto no sucede, no hay nada que se pueda hacer. Si realmente no te quiere, ¿para qué la querés?
• O que realmente te quiera. Si es así, actuando de la manera adecuada, ésta no va a ser más que una situación pasajera que vos no sólo vas a revertir, sino que vas a capitalizar a tu favor. En este último caso, por lo general el más común dado que las mujeres son todas unas histéricas y les encantan estas idas y venidas, hay que preparar una jugada para recuperarlas.
Ella ya hizo su jugada, que aunque parezca una jugada final seguramente no lo es.
Entonces nos ponemos a elaborar nuestra movida con el fin de llevarla a cabo.
Las opciones puede ser:
1.- Le contesto el e-mail diciéndole que estoy de acuerdo y me despido.
2.- Le contesto el e-mail reputeándola.
3.- Le contesto el e-mail diciéndole que por favor no me deje.
4.- La voy a ver para pedirle que me devuelva mis fotos y así provocar en ella alguna reacción.
Si llevo a cabo la opción uno, ella podría pensar que realmente estoy de acuerdo con terminar. No va.
Si llego a cabo la opción dos, descargaría la bronca que tengo, pero esto haría que ella piense que estoy enojado, que la odio y que no la quiero ver más. Tampoco va.
Si llevo a cabo la opción tres, me colocaría muy por debajo de ella y no es la imagen que quiero dar. No me convendría en absoluto. Tampoco va.
Si llevo a cabo la opción cuatro tal vez me diga “OK”, me devuelva mis fotos y ahí se termino la historia. Yo ya habría hecho mi jugada y se terminaría el partido.
En la película “Juegos de Guerra”, existía una super computadora que tenía la facultad de armar una estrategia de ataque modificable de acuerdo a la respuesta del enemigo. En cada jugada de ataque que armaba la computadora en una “Guerra Termonuclear Global”, el enemigo respondía de tal manera que indefectiblemente el mundo era destruido. Y si el mundo era destruido, evidentemente nadie ganaba la guerra. Razón por la cual, después de probar todas las variantes posibles la computadora se detuvo y le dijo a los presentes: “La única jugada ganadora, es no jugar”.
• En tu caso es lo mismo. La única jugada ganadora es no jugar.
• No hagas nada. Sólo quedate esperando a que ella vuelva a jugar.
• No la llames, no la vayas a buscar, no le mandes decir nada.
• Actuá como si realmente hubieras entendido su planteo y estuvieras respetando su decisión.
Ella no podría reprocharte nada al respecto.
Si realmente te quiere, algo va a hacer.
Seguramente actuó de esa manera esperando una reacción tuya, que al no producirse la obliga a volver a jugar si quiere que el juego siga. Sin duda lo va a hacer. Siempre lo hacen.
Cuando lo haga, vos vas a tener una posición mucho más ganadora que si hubieras intentado cualquier jugada.
Es importante hacer un alto en este punto para mencionar lo difícil que es hacer esto. Porque cuando ella no da señales de vida cada minuto parece eterno, nuestra mente va a mil por hora enviándole a nuestro corazón mensajes nefastos y nuestro corazón entonces nos suplica que hagamos algo para remediar la situación. Se nos van a
ocurrir una gran cantidad de cosas para hacer, como por ejemplo llamarla con alguna excusa, pasar por la casa, escribirle una carta, mandarle a decir algo por un amigo, encontrarla como de casualidad en algún lado, etc.
Como vimos antes, lo mejor es no hacer nada. Esperar a que ella vuelva a jugar, porque si no lo hace te pierde, y si te quiere lo último que puede permitirse es perderte. Antes de marcar su número pensá que si ella se estuviera muriendo por hablar con vos te llamaría. Tal vez esté a punto de hacerlo y tu llamados empiojaría todo.
Es difícil aguantarse, pero cuando se te empiecen a dar los resultados te vas a felicitar una y mil veces por haberlo hecho.
Pero yo te quiero…
“Dime si él, te conoce la mitad,
dime si él, tiene la sensibilidad,
de encontrar el punto exacto
donde explotas al amar”.
“Dime si él, te conoce la mitad,
dime si él, te ama la mitad
de lo que te ama este loco,
que dejaste en libertad”.
Ricardo Arjona.
Linda canción. Muy romántica por cierto. Creo que a todos los novios abandonados nos gustaría poder cantársela a nuestra ex. Claro que antes de hacer esto sería conveniente tener en cuenta un par de cosas, como por ejemplo que si tu novia te dejó por otro le importa bastante poco cuanto más la conocés en comparación con su nueva pareja.
Es más, el hecho de que el otro no la conozca tanto le da más emoción a la nueva relación, dado que hay mucho por descubrir.
También le importa bastante poco, por no decir nada, cuanto la amás. De lo contrario no te hubiese dejado. Y dado que ella no tiene bronca, sino que simplemente se enamoró de otro, podríamos decir que hasta preferiría que no la quisieras más.
Y con respecto a si el otro tiene la sensibilidad de encontrar el punto exacto donde explotar al amar, lamentablemente debemos asumir que sí la tiene.
Nos encantaría saber que no, pero sí, la puta que lo parió, la re-tiene. Y si no la tiene, ella se va a encargar de enseñarle absolutamente todo cuanto necesita saber.
Hablarle de nuestros sentimientos a nuestra ex, para convencerla de que volvamos a estar juntos es como ir a una concesionaria de
autos y contarle al dueño cuánto anhelamos tener la cupé roja que está en exposición.
En la puta vida el tipo nos va a decir “Bueno, si tanto la quiere llévela nomás”.
A nuestra ex le importa un pito cuánto la queremos. Lo único que puede hacer que vuelva es que ella nos quiera.
El hecho de decirle: “Pero yo te quiero…” no va a conmoverla ni a hacer que cambie sus sentimientos. A lo sumo le daremos lástima, y como vimos unos capítulos atrás, ese es el comienzo del verdadero final.
Usemos el cerebro. ¿Qué es lo que nos hace pensar que diciéndole lo que sentimos, ella va a sentir lo mismo por nosotros? En otras palabras lo que estamos diciéndole es: “Vos quedate tranquila y disfrutá de tu soltería, o de tu nueva relación que igual yo sigo estando acá reenamorado, esperándote para cuando quieras volver a estar conmigo”.
¿Alguna vez le diríamos aso? Ni en pedo. Pero de una manera más resumida, con el “yo te quiero…” se lo estamos diciendo.
Si seguimos usando nuestro cerebro, nos vamos a dar cuenta también que si ella nos dejó, no sólo no deberíamos decirle que aún la queremos, sino que deberíamos estar al menos algo enojados, dado que no hace mucho tiempo nos dijo un montón de cosas y tal vez nos hizo un montón de promesas que acaba de tirar por la borda.
Si a pesar de todo esto, cuando la vemos le recordamos que la queremos, ¿qué imagen de nosotros le estamos dando? ¿No nos estaremos desvalorizando ante sus ojos?
Es muy lógico que ella piense: “Le dije que lo quería, le prometí mil cosas, lo dejé, quedó al descubierto que le mentí, y el tipo todavía viene y me dice que me quiere”.
Ampliando el concepto anterior creo que estamos en condiciones de asegurar que no sólo que no les importa que las querramos, sino que además hasta les puede llegar a molestar.
Recordemos entonces que la forma de recuperarla no es hablarle de nuestro amor, sino hacer con diversas acciones que ella se de cuanta de sus propios sentimientos con respecto a nosotros.
“Te quiero, te amo, te necesito”, a veces pueden significar “Soy un idiota que sin vos no puede vivir a pesar de que te hayas comportado conmigo como la mismísima mierda”.
Guardemos esas palabras románticas para los momentos en que realmente las merecen, y para cuando al decirlas provoquen el efecto que buscamos.
Esa nueva relación “Free”
Otro caso muy común es retornar con una ex novia, pero con la consigna (obviamente propuesta por parte de ella) de tener una relación “Free”. O sea volver a estar juntos pero en una especie de rara amistad, donde ninguno de los dos pierde sus libertades. Sería algo así como si fueran amigos pero con amor y sexo incluidos de vez en cuando.
A vos este tipo de relación no te va ni a palos, pero la aceptás porque es la única manera posible que ves de estar con ella.
Es más, te hacés el bananón tratando de hacerle creer que estás realmente contento con el nuevo sistema, y hasta tal vez te estés engañando a vos mismo diciéndote que eso es bárbaro y que tiene un montón de ventajas para vos.
Mentira. Vos querés que sea tu novia como antes. Y la querés para vos solo.
Lo que pasa es que te duele mucho ponerte a analizar el por qué ella quiere este tipo de relación.
Los motivos pueden ser varios: tiene otro y no quiere perderte del todo, no está segura de querer dejarte pero no quiere perderte, le duele dejarte y está intentando hacerlo de a poco, sea lo que sea lo que esté pasando no es algo bueno para vos.
Es hora entonces de que tenga un trago de su propia medicina.
Hasta ahora ella propuso el juego y tomó para sí misma todas las ventajas, dado que vos siempre estuviste disponible comportándote como el novio que siempre fuiste y dicho sea de paso, el que querés seguir siendo.
¿Qué hacer entonces? Ponela en el freezer. No podés negar que si esta relación sigue así se va a pudrir.
¿Qué pasa con los alimentos cuando están mucho tiempo en la heladera?
Se ponen feos.
¿Cómo se hace para que no se pudran y poder disfrutarlos más adelante?
Se los pone en el freezer.
Ella propuso una relación liberal, sin compromisos ni ataduras. Entonces que se atenga a las consecuencias.
Congelala.
Por un tiempo no la atiendas ni le respondas sus llamados.
Ese era el juego que ella quería, pero lo quería sólo para su propio beneficio, nunca para el tuyo. Nunca sintió hasta ahora que su nuevo “Free relation sistem” podría hacer que vos te alejaras y te perdiera. Te aseguro que no le va a gustar ni medio.
Claro que como las reglas las puso ella no va tener ningún derecho a patalear y lo único que va a poder hacer es volver a cambiar las reglas para que vuelvan a tener una relación más estable. Y eso es exactamente lo que vos querés.
No te gastes hablando y tratando de convencerla con palabras. Lo que necesita es un tiempito en el freezer.
Hablando sólo logramos embarrar más la cancha. Recordemos el capítulo “Cuando voy es porque vengo y cuando vengo es porque voy”.
-No te pude encontrar ni ayer ni antes de ayer… -va a decirte con preocupación.
Y… que se joda.
Si pasa un fin de semana sin que la llames para salir va a empezar a pensar que te estás alejando y va a entrar en pánico. Vos tranquilo. Hacete un cursito de actuación y fingí que ella no te importa como antes. Que sienta que la relación que ella propone la va a perjudicar y mucho si es que realmente te quiere.
¡Glup!
Lo hice otra vez
Aplicar todas las técnicas que estamos viendo es muy difícil. Vas a fallar en más de una ocasión. No te preocupes. Es normal.
Lo importante es saber qué es lo que “debemos” hacer en ciertos casos. Si después lo logramos hacer o no es otro tema. Al menos, si las cosas nos salen mal podremos detectar dónde estuvo la falla.
A mí particularmente siempre me interesó analizar el tema de las rupturas en los noviazgos y los distintos comportamientos de las personas. En base a ese análisis llegué a establecer patrones que me ayudaron entre otras cosas a mantener una relación, a ayudar con algunos consejos a amigos en situaciones complicadas y, por qué no, a escribir este libro.
Así y todo, nunca dejé de hacer cagadas por completo.
En más de una oportunidad me encontré con cara de idiota frente a una mujer de la que estaba enamorado y temía perder diciéndole: “Si te pierdo me muero”, o “¿Ya no me querés como antes?”
Si le preguntamos a una mujer si ya no nos quiere como antes, es porque notamos algo malo en su forma de tratarnos. Entonces ¿qué esperamos que nos responda? Si nos dice que sí, no lo vamos a creer del todo y nos vamos a quedar con la duda. En realidad lo que estamos buscando no es una repuesta sino un cambio de actitud. Y los cambios de actitud no se logran con preguntas. Y yo lo sabía. Pero lo volví a hacer. ¿Por qué? Porque en ese momento lo que necesitaba era un efusivo “Sí mi amor” acompañado de un abrazo, un romántico beso y, por qué no, alguna que otra lagrimita de emoción que nunca vino.
Es que es así. Como decíamos al principio, a veces nuestro corazón necesita alivio inmediato y como unos giles vamos en busca de él a pesar de que sepamos que lo que estamos haciendo no es correcto.
Mi amigo Ariel me pidió un consejo acerca de cómo proceder con una chica con la que estaba comenzando a salir a raíz de determinada situación que se había planteado en la cual no vale la pena detenernos.
Luego de escucharlo pacientemente por teléfono durante un largo rato y de analizar su situación le aconsejé esperar cuatro días antes de llamarla. Ariel entendió perfectamente los motivos por los cuales le di tal consejo y me lo agradeció mucho. Prometió seguirlos al pie de la letra y mantenerme al tanto de las novedades luego de efectuar ese llamado que según lo conversado tendría lugar no antes del martes de la próxima semana.
A los quince minutos vuelve a sonar mi teléfono y era Ariel.
-La llamé –me dice.
-¿Pero vos sos pelotudo? ¿Qué habíamos dicho?
-Sí, ya sé… ya sé… pero es que no aguanté.
-¿Y qué le dijiste?
-Que necesitaba hablar con ella lo antes posible y si podía ir ahora para la casa.
-¿Y qué te dijo?
-Me dijo que sí. ¡¡¡Boludooooo, buenísimo!!! Ya estoy saliendo para allá.
-Bueno –le dije- que te vaya bien, después llamame y contame.
Y tal vez le iba a ir bien. ¿Por qué no?
Pero hay una realidad indiscutible. Si ese mismo llamado lo hubiera hecho cuatro días después, como yo le dije, le habría demostrado que con él no se podía jugar así como así y habría provocado que ella lo extrañe y que tuviese miedo de que él no la volviera a llamar. En fin, lo habría valorado más. Ariel tuvo la voluntad de hacer las cosas bien, pero su corazón le jugó una mala pasada.
Y para peor, no le fue bien. Le fue como el orto.
En ese caso Ariel tenía que aplicar el antes nombrado “cuando voy es porque vengo y cuando vengo es porque voy”. Y lo sabía. Es más, lo sabía bien. Pero no pudo.
Por eso, alguna que otra cagada es probable que nos vayamos a mandar siempre. Lo importante es que al menos sean la menor cantidad posible, y que las vayamos capitalizando como experiencia para no volver a repetir los mismos errores.
Ojo con las canciones.
Vivimos expuestos a miles de mensajes que nos agarran desprevenidos y penetran en nuestra mente. Al caminar por la calle recibimos un verdadero bombardeo de conceptos inventados por alguien.
La publicidad nos dice constantemente por medio de la radio, la televisión, los diarios, las revistas y los afiches, que si no consumimos tal o cual producto o servicio, casi casi no existimos. Y de alguna manera, esto nos afecta.
Algo parecido sucede con los sentimientos. Todos escuchamos música, vamos al cine y miramos televisión. Y tanto las canciones como las películas nos van metiendo en el inconsciente ciertos conceptos que tomamos como verdaderos.
Las empresas para vender más, en muchos casos realizan comerciales con actores conocidos hablándonos sobre las bondades de sus productos. Está comprobado que este tipo de publicidad funciona bastante bien, dado que estos actores le dan credibilidad al mensaje.
Algo similar sucede con los cantantes y las letras de sus canciones.
La gran mayoría de los temas de amor que venimos escuchando desde que tenemos memoria, hablan de lo destrozada que quedó una persona después de una ruptura.
Frases como: “Sin ti no puedo vivir”, “Jamás podré olvidarte”, “Con quién estás ahora”, “Me muero por ti”, “Sin tu amor no soy nada”, “Cada vez que te vas, se me eclipsa el sol”, “Me estoy muriendo por verte”, “Cuando pienses en mi, yo estaré pensando en ti”, “En la distancia muero día a día”, “No dejaré de quererte jamás”, etc, se fueron metiendo en nuestro cerebro y sin que nos diéramos cuenta se fueron incorporando a nuestros pensamientos como premisas verdaderas.
¿Conocen alguna persona que se haya muerto realmente porque su pareja la dejó? Y vos tampoco te vas a morir, ni vas a poder dejar de pensar en ella, ni se te va a apagar el sol, ni nada.
Es hora de comenzar a pensar distinto. Tal vez no podamos evitar sentir ciertas cosas, pero sí podemos pensar que vamos a dejar de
sentirlas. Cuando tenemos fiebre nos duele el cuerpo, pero sabemos con certeza que en un par de días vamos a estar bien nuevamente.
No hay canciones que nos digan: “La fiebre nunca se irá”, “El dolor me acompañará por siempre porque hoy tengo fiebre”, etc. Simplemente sabemos que llamando al médico y haciendo reposo, la fiebre desaparecerá.
¿Por qué entonces pensar que este dolor que sentimos por que nuestra novia nos dejó, o nos está por dejar no se nos va a ir nunca? ¿Acaso no dejaste de sufrir por aquella otra que creías que no ibas a olvidar jamás?
Si querés sufrir, sufrí. Si querés llorar, llorá. Pero tené siempre presente que a pesar de lo que digan miles de cantantes en sus románticos temas, se te va a pasar. Es más, aunque no quieras se te va a pasar igual. Porque siempre es así. No te preguntes cómo ni por qué. Es como la fiebre.
El objetivo primario
Nuestra mujer ya no está a nuestro lado. Nos sentimos muy mal. Es importantísimo trazar un plan de acción, porque dado que la vida sigue, acción va a haber. Y para que esta acción sea positiva, tiene que estar planeada. Y para trazar ese plan de acción tenemos que tener en cuenta nuestro objetivo.
¿Y cuál es ese objetivo?
Lo primero que nos va a venir a la mente es: “Volver a estar con ella”, pero en realidad ese no es un fin sino un medio. ¿Un medio para qué? Para sentirnos bien. O sea que en realidad el objetivo final es… “Sentirnos bien”.
Claro que por ahora el único medio que vemos potable para sentirnos bien es que ella regrese a nuestro lado. Pero si abrimos nuestra mente y somos objetivos, vamos a darnos cuenta de que en realidad hay “otras” maneras de sentirnos bien.
Una de estas maneras es perder la memoria. Si no nos acordamos de ella no vamos a sufrir.
Claro, eso no va a pasar, pero el ejemplo es válido para que empecemos a reconocer que “sí” hay otras maneras.
Otra forma sería conocer otra mujer y enamorarnos tan rápidamente de ella que dejemos de sufrir instantáneamente por la anterior.
Claro… ustedes piensan que eso tampoco puede pasar. Eso es tan imposible como perder la memoria.
Error. Sí puede pasar.
Es difícil. Sí, lo es. Pero no imposible.
Si yo hoy les dijera que si firman tal papel mañana van a conocer otra mujer de la cual se van a enamorar, se van a poner de novios, van a tener una vida juntos llena de felicidad, compañerismo y excelente sexo, ustedes, ¿firmarían o dirían que no y seguirían tristes esperando el regreso de la otra?
¡¡¡Ahá!!!
Entonces les gustaría que eso pase.
Bueno, pasar puede pasar. El problema es que en esas circunstancias uno no está receptivo como para que eso suceda. Entonces es posible que esta nueva mujer les esté pasando al lado y ni siquiera se den cuenta.
Daniel estuvo de novio cinco años con Adriana. Tuvieron algunas rupturas en el medio, pero siempre volvían. Daniel estaba más muerto que Tutan Kamón y no concebía la vida lejos de ella.
Resulta que Adriana un día descubre su vocación.
-Quiero ser modelo –le dijo un buen día a Daniel.
-Modelo las pelotas –respondió Daniel, con la esperanza de que sea un berretín pasajero de su novia y todo quedara en la nada. Porque si algo no estaba dispuesto a tolerar Daniel era que Adriana, su novia y futura esposa y madre de sus hijos, fuera modelo.
Adriana se empecinó con lo del modelaje apoyada por su familia y amigas. Al cabo de unos meses de tira y afloje, Daniel planteó seriamente no querer seguir adelante con la relación si ella persistía con su plan de ser una modelo famosa.
Qué jugada maestra, pensó Daniel, dado que Adriana lo amaba tanto que jamás tomaría una decisión que implicara perderlo.
Ay… Dany… Dany…
Adriana lo dejó sin ni siquiera derramar una lágrima. Se despidieron por última vez en la puerta de su casa. Adriana vivía frente a una plaza. Ellos tenían como costumbre que cuando él se iba de la casa de su novia, ella se quedaba mirándolo detrás del vidrio de la entrada de su edificio, y cuando él iba más o menos por la mitad de la plaza, se daba vuelta y se volvían a saludar con la mano. Recién después ella subía a su departamento. Hicieron esto durante los cinco años que estuvieron de novios. Esa sería la última vez que cruzando esa plaza, Daniel giraría para saludar a Adriana.
El dolor que sentía era casi insoportable. Y digo casi, porque insoportable del todo fue cuando al llegar a la mitad de la plaza, se dio vuelta y Adriana estaba muerta de risa charlando con una vecina sin prestarle a él ningún tipo de atención. Se quedó con su mano levantada y quieta y con la mirada perdida sin poder creer lo que estaba pasando.
¿Podía él tener tan poca importancia para ella en ese momento?
Quince días después, su amigo Claudio le contó que estaba de novio y que su nueva novia tenía dos amigas que podía presentarle.
-Te agradezco, pero no estoy de humor. –dijo Daniel aún destruido por haber perdido hacía tan poco tiempo a su novia de cinco años.
-Dale boludo, mirá que están una mejor que la otra. Una es una morocha de ojos verdes que te juro que la vez y te morís.
-¿Cómo se llama?
-Adriana.
-¿Por qué no te vas a la mierda?
-Y qué querés boludo… si se llama Adriana. Pero es un bombón.
-No… no… si salgo con una Adriana, me pongo a llorar. ¿Y la otra?
-La otra es una rubia de ojos celestes que es un infierno.
-¿Rubia?
-Sí, sí, rubia.
-Pero… ¿rubia rubia?
-¡Sí Nabo! ¡Le mirás el pelo y es amarillo!
-¿Y de lomo?
-Una bestia.
-¿Buenas tetas?
-Impresionantes.
Eso motivó a Daniel un poco más, dado que esa parte del cuerpo femenino era su pasión y su ex novia, si bien él la quería mucho, no llegaba a las medidas anheladas. Fue así como el viernes siguiente salieron los cuatro.
Fue instantáneo. Fue conocerse y enamorarse. Había desaparecido todo el dolor por la mujer que Daniel había perdido. Sólo quedaba tal vez la bronca por tirar cinco años a la basura por la estupidez de querer ser modelo. Ella lo había lastimado. Y cuando él se alejaba casi llorando ella reía con la vecina. Y en quince días no llamó por teléfono ni siquiera para recuperar alguna boludez que tenía en la casa de Daniel.
Y Daniel se puso de novio con Carolina, la rubia infernal. Se sentía fenómeno y es más, al tener la mente más despejada pudo darse cuenta cuán para el culo estuvo con Adriana en más de una oportunidad, y él, por estar ciegamente enamorado, había hecho la vista gorda.
El regreso de Adriana se demoró un mes.
Porque como vimos anteriormente, cuando uno desaparece, ellas vuelven. Si nos quieren, siempre vuelven.
Y Daniel, dado que estaba muy de novio con Carolina, estaba más desaparecido que el Ital-Park. Ella, al no tener noticias por tanto tiempo, porque seguramente esperaba tenerlo al mes llorando, rogándole y pidiéndole perdón para volver a darle salida, se dio cuenta cuanto lo quería y cuanto lo necesitaba. Pero bueno, como dijimos al principio, el objetivo no es que ellas vuelvan sino sentirnos bien.
Y Daniel ya se sentía muy bien.
Se sentía muy bien sin Adriana.
Se sentía muy bien con Carolina.
El objetivo era sentirse bien. Dejar de sentir ese nudo en el pecho. Y estaba cumplido.
Adriana nunca más. Y la vida continuó sin dolor.
Esto también te puede pasar a vos. Ahora creés que sería imposible, pero Daniel también lo creía así.
Abrí tu mente. No te cierres. No te obstines en que la única solución es recuperarla.
No es así.
¡Querete mierda!
Te dejó o está por dejarte y te sentís como un trapo de piso.
No comés, no salís, no te afeitás, no cagás, no te reís.
No te llama, es el fin de la vida.
Te llama, la vida es una fiesta.
Todo lo bueno o lo malo que puede pasarte depende de ella.
Si ella ya no te quiere se termina el mundo.
¿Y vos?
¿Y yo qué?, dirás.
¿Y vos te querés?
Si vos mismo no te querés, ¿por qué va a quererte ella?
¿Suponés que ella ve algo en vos que vos no ves y por eso te quiere?
Eso es imposible.
Vos te conocés mejor que nadie.
No comer, no salir, no afeitarse, no reír, pensar que tu vida se terminó porque una persona no quiere seguir estando a tu lado, son actitudes de alguien que no se quiere a sí mismo.
Para poder vivir le ganaste una carrera a millones de espermatozoides.
O sea que naciste ganador.
Todos nacimos ganadores. Perdedores nos vamos haciendo solitos con el correr de la vida.
Vos te estás quedando sin ella, pero ella también se está quedando sin vos.
Si vos no te ocupás de vos, nadie lo va a hacer. Está demostrado.
Dejate de joder.
Levantate, afeitate, comprate alguna pilcha nueva.
Dejá de levantar el teléfono al primer ring.
Salí. No tengas miedo a que ella llame y vos no estés.
Si te quiere va a volver a llamar.
Divertite, que la vida sigue y sólo vos podés remontarla.
Es más, siempre que algo termina da paso a cosas nuevas y tal vez mejores. Andá en busca de ellas. No pierdas el tiempo.
¡Queréte mierda!, me decía mi amigo Toto en épocas en las que yo andaba destruido por una ex.
La pregunta del millón es la siguiente:
Ella ¿se merece que vos estés como es´tas?
La respuesta te la dejo a vos.
Volver a sentirte bien es posible. Y empieza con una decisión. Como todo.
El mecanismo para conseguir cualquier cosa es primero desearla, luego decidir tenerla, luego imaginarte que ya la tenés y por último obtenerla.
O sea que si estás hecho bosta por una mina, no pretendas sentirte bien de un segundo a otro.
No te saltees ningún paso:
Primero asumí que te sentís mal y que lo que necesitas no es estar con ella sino dejar de sentirte angustiado.
Segundo, tomá la decisión de empezar a sentirte bien.
Tercero, imaginate riendo, saliendo, divirtiéndote y levantándote otras minas mejores. Lindo, ¿no?
Cuarto, empezá. Sólo depende de vos.
Distraé tu mente
Te peleaste con tu novia y tu mente va a mil. Y por eso tu corazón sufre.
¿Cuándo el corazón sufre? Cuando la mente le manda mensajes negativos.
En los momentos en que estás distraído mirando una película interesante, cuando estás en una reunión de amigos contando chistes o cuando estás en la cancha viendo a tu equipo, tu corazón no sufre.
¿Por qué? Porque la mente está en otra cosa. Esto puede parecer muy simple pero casi nunca lo tenemos en cuenta.
Si bien hay momentos en los que nos causa hasta algún extraño placer tirarnos en la cama a escuchar un tema que nos la recuerde, hay otros en los que el sentimiento no es nada agradable. Ese sentimiento se puede cambiar.
Sería muy simplista decir que ese sentimiento se puede cambiar modificando nuestros pensamientos, pero si no podemos cambiar nuestra mente, al menos podemos “distraerla”.
Tratá de no quedarte solo, mirá películas, leé, andá a la cancha, practicá un deporte en grupo, andá a comer con amigos. Hacé cualquier actividad que te cause placer.
Sí, sí, ya sé que a veces parece que nada te va a causar placer, pero eso no es cierto.
Por otro lado supongamos que dentro de un tiempo volvés a estar con ella. Qué mejor que hablarle de las películas que viste, los libros que leíste, que te encuentre mejor físicamente porque estuviste practicando tal o cual deporte. O sea, que vea que mientras estuvieron separados vos tuviste una vida. Una buena vida, donde tal vez empezaste a hacer cosas que no hacías cuando estabas con ella.
Si las hiciste para no sufrir por su ausencia es algo que no tiene por qué saber. Es más, el tener la mente más fresca y por ende el corazón menos lastimado, va a hacer que puedas actuar de la manera más apropiada cuando retomes el contacto con ella.
No va a sumar puntos a tu favor que en un eventual reencuentro, perciba que sos una piltrafa humana que estando lejos de ella no sirve ni para ver la hora.
Levantar el teléfono para ver si tiene tono es una señal inequívoca de que estás en el camino equivocado. No estás distrayendo tu
mente, ni te estás dando el valor que merecés. Además, en más del 99,99% de los casos tiene tono.
No te está llamando porque en ese momento está “en otra”, no porque tu teléfono no funciona.
¿Por qué no intentar al menos estar “en otra” vos también?
Tu aliado el tiempo
Lucas estaba de novio con Luciana desde hacía tres años. Tenían una relación bastante turbulenta, con muchas idas y vueltas pero se querían con locura. Lucas no concebía la vida sin Luciana. Ella tenía que ser la última mujer de su vida.
En varias oportunidades se vieron distanciados por cortos períodos de tiempo, pero siempre volvían a estar juntos. No podían vivir el uno sin el otro.
“Estoy segura que sos el hombre de mi vida” era una de las frases favoritas de Luciana.
“Te amo”, era otra.
“Te necesito tanto…” era otra.
En fin, la cantidad de frases favoritas era innumerable.
Tenían un enganche tal que daba la sensación de que pasara lo que pasara, siempre volverían a estar juntos. Se querían demasiado.
Una noche Luciana y Lucas estaban tomando algo en uno de esos románticos lugares para parejas, con luz tenue y música lenta.
Luciana lo mira y le dice: -El próximo jueves me voy a Bariloche a vivir un año.
Lucas no sabía si lo que había escuchado había sido una ilusión óptica del oído, o si lo que estaba tomando le había afectado el cerebro, o si Luciana le estaba haciendo un chiste de pésimo gusto.
-¿Qué el jueves qué? –se limitó a preguntar.
-Sí, lo que escuchaste. El jueves, (era lunes) me voy a vivir un año a Bariloche.
-¿Y qué vas a hacer en Bariloche?
Luciana le respondió que no sabía, que necesitaba encontrarse con ella misma, o alguna pelotudez por el estilo. Que sólo contaba con treinta pesos y un pasaje en tren de ida y que se iba a lanzar a la aventura de irse y conseguir algún trabajo. Unos parientes lejanos tenían una hostería. Empezaría probando suerte por ahí y luego vería.
Obviamente algún trabajo iba a conseguir seguro, dado que era una terrible yegua rubia de un metro setenta y cinco y 110-60-90.
Lucas quería despertarse, pero estaba despierto. La cabeza le daba vueltas como un trompo y le costaba ordenar sus pensamientos como para decir algo coherente.
Luciana seguía hablando, pero él estaba como volando. De repente bajó a la tierra y escuchó que ella con total naturalidad estaba diciendo: “…porque un año pasa pronto…”.
¿Un año pasa pronto? El no podía estar lejos de ella ni un día. En ningún momento creyó posible el hecho de que se fuera y al año volviera a buscarlo y todo continuara.
Era el fin. Si ella se iba, él sabía que no volvía más. Y si volvía dentro de un año, era lo mismo. Estar sin ella un año como diez años o treinta años, daba exactamente igual.
Y llegó el jueves.
Y se fue.
Lucas se despidió de ella el miércoles, dado que había decidido no ir a la estación el jueves. Hubiera sido demasiado fuerte ver alejarse ese tren.
Está de más decir como se sintió Lucas a partir de ese momento. Todos los días estaba pendiente de una llamada, una carta o tal vez una aparición inesperada.
No volvió a verla, ni a hablar con ella nunca más.
De esto ya pasaron dieciséis años.
Al principio le costó sobreponerse. Cada nueva relación que intentaba comenzar le traía recuerdo de ella. Con el tiempo comenzó a sentirse mejor, hasta el punto en que logró hasta reírse de su propia historia. Nunca supo bien cuando fue el momento exacto en que dejó de sufrir por ella, si es que hubo un momento exacto.
Claro que Lucas no se tomó al mes un tren para ir a verla, ni averiguó donde estaba, ni le escribió, ni nada. Asumió que si ella se había ido era porque no lo quería y cualquier cosa que él hiciera sería pero.
Tenía que ponerse en campaña de forma inmediata para volver a sentirse bien. Si ella volvía mejor, pero si no, había que seguir viviendo y no había tiempo que perder.
El tiempo se encargó de hacer el resto.
El tiempo transforma todo amor en casi nada, dice Roberto Carlos. Y decimos en “casi” porque lo único que queda es un lejano recuerdo que no produce absolutamente nada. Lucas está casado desde hace cuatro años y tiene una hija de trece meses. Hoy en su corazón ya no quedan ni rastros de Luciana.
Lo que le pasó a Lucas fue feo. Su novia se fue porque ya no lo quería y contra eso no hay técnica que valga. Pero hasta en ese caso hay solución para volver a sentirse bien. Se necesita amor propio y tiempo.
Si estás atravesado una situación similar, pensá que es pasajera. Aunque te parezca que no, que va a durar para siempre. El tiempo es tu aliado. El va a hacer que un día, tal vez no muy lejano, todo esto que estás pasando sea nada más que un mal recuerdo.
Tu amigo el dolor
Seguir adelante cuando se tiene un dolor grande por alguien que te abandonó parece imposible. Es lógico sentir que no se puede salir y divertirse, reirse con amigos y conocer otras mujeres estando tan mal por dentro.
Uno tiende a pensar que para lograr todo eso primero hay que dejar atrás el dolor.
No es así.
Al dolor no lo podemos echar de un momento a otro. Está con nosotros y tenemos que aprender a convivir con él hasta que solito se vaya. No tiene sentido estar a las puteadas con el dolor. Más vale hacernos amigos de él, ya que va a estar con nosotros equis cantidad de tiempo.
¿Y cómo nos hacemos amigos del dolor? Fácil.
Primero asumamos que lo tenemos. No nos engañemos a nosotros mismos diciéndonos que estamos bien cuando realmente estamos como el culo.
Una vez que somos bien conscientes de que lo que nos pasó nos duele, comencemos el resto de nuestra vida llevando el dolor con nosotros así como el que fuma lleva los fasos y el encendedor.
Este será el punto de partida para que con el tiempo vaya desapareciendo.
Si tenés algún amigo que atraviese una situación parecida, no se junten a llorar sus penas sino a reirse de ellas. Todo tiene el lado cómico. Sólo hay que saber verlo.
Hace algunos años hice un encuentro religioso que consistía en pasar desde un jueves a la tarde hasta un domingo a la noche en una casa de retiro espiritual intentando encontrarnos con nosotros mismos, por decirlo de alguna manera.
Luego de realizar el encuentro, ese grupo sumado a todos los demás grupos que lo habían hecho anteriormente, nos juntábamos todos los sábados a la tarde en una enorme casa en el barrio de Caballito con el objetivo de reforzar nuestra fe, ser mejores personas y afianzarnos en el nuevo camino de vida que teóricamente habíamos elegido.
Y digo “teóricamente”, porque “realmente” lo único que queríamos era levantarnos minas. Algunos de los varones de ese grupo (más de veinte), comenzamos a tener una costumbre tan pelotuda como divertida. Consistía en que cada vez que un miembro de ese grupo se ponía de novio, fuera el día que fuera y a la hora que sea nos juntábamos todos, o la mayor cantidad posible, y nos íbamos a algún lugar a comer “queso y dulce de batata”.
Imaginen a más de diez huevones brindando alegremente con queso fresco y el dulce y felicitando al que se había levantado una mina.
Claro que esto tenía su contrapartida. Cada vez que a alguno de ese grupo la novia lo dejaba, o fallaba en un intento de ponerse de novio con alguien que realmente le importara, también nos juntábamos pero a comer “queso y dulce de membrillo”.
Era una forma de reirnos de nuestro propio dolor. Y les aseguro que la pasábamos bien.
Claro que al tiempo de llevar a cabo esta rutina, éramos conocidos como “La barra del membrillo”. Nos hubiese gustado más que nos conocieran como “La barra de la batata”, pero había una realidad: eran muchas más las veces que teníamos que comer membrillo.
Más adelante la barra del membrillo eligió su presidente, vicepresidente y vocales.
El gordo Pancho fue nombrado presidente. Su novia de cinco años lo había dejado por otro. A la semana de la ruptura y con el objetivo de distraerse un poco, Pancho va a jugar un partido de fútbol, y por esas putas coincidencias que tiene la vida uno de los jugadores era amigo o pariente del nuevo novio de su ex y lo había llevado a jugar. Y como si esto fuera poco lo ponen en el mismo equipo de Pancho. O sea que ni siquiera se podía dar el gusto de partirlo de una patada.
Para peor, la mayoría del resto de los jugadores conocía la situación, motivo por el cual decidió no retirarse y jugar el partido para no ponerse en evidencia.
Todo venía desarrollándose con normalidad hasta que faltando diez minutos para la final Pancho le pone al chabón un pase perfecto de cómo veinte metros, el tipo la para de pecho y la clava en un ángulo.
Partido liquidado.
Liquidado en realidad quedó Pancho después que el tipo fue corriendo, lo abrazó y le puso un beso diciéndole “¡¡Grande gordo!!”. Los veinte jugadores restantes estaban tirados en el piso meándose de la risa.
Esa anécdota, por lo divertida que nos resultaba y por lo choto de la situación que le tocó vivir, le valió el título de presidente.
Dentro del resto de la comisión directiva de la barra del membrillo había de todo.
El vicepresidente era yo. Un electrocardiograma de urgencia a domicilio motivado por una taquicardia paraoxística que me agarró al
haberme enterado que una turra me metió los cuernos me dio la posibilidad de acceder a ese cargo.
Realmente nos divertíamos. Nos habíamos hecho amigos del dolor. Convivíamos con él y de a poco iba desapareciendo.
De vez en cuando alguno se ponía de novio con otra y de nuevo festejábamos comiendo queso y dulce de batata. Después otro se peleaba, y otra vez membrillo.
Y es que la vida es así. Batata, membrillo, batata, membrillo y otra vez batata.
Mañana te vas a reír de lo que estás sintiendo hoy. Te lo aseguro.
Levántate y anda.
Si el dolor está con vos, hacete su amigo. El tiempo hará el resto.
Un clavo saca otro clavo
Detrás de cada amor viene un nuevo amor.
Indefectiblemente.
Cuando terminás de comer un terrible asado es difícil que al toque tengas ganas de comerte un plato de tallarines, pero seguramente al otro día te los comerías con ganas.
Hay momentos en la vida donde creés que todo terminó para vos en materia de amor. Eso nunca es cierto. Creer que nunca vas a querer a otra mujer como a la anterior es como pensar que nunca más vas a tener hambre. Ya sea con la misma persona en una nueva etapa o con otra, vas a volver a sentirte tan bien o mejor que antes.
O cuántas veces comiendo unas mollejas pensaste que era lo más rico que habías comido en tu vida. Y después otro día mientras comías una paella pensaste lo mismo, y después lo pensaste con un lomo a la pimienta y otro día simplemente con un choclo con mantequita y sal.
“Nunca más voy a encontrar otra Verónica”, dijo Luis un día. Y tenía razón. Esa Verónica era única. No estaba clonada ni nada. Lo que no se puso a pensar era para qué quería encontrar otra igual si en realidad no tenía nada que no pudiera encontrar en otra.
Claro… el amor nubla la vista y entorpece el buen funcionamiento del cerebro, lo que hace que veamos en la otra persona virtudes que no existen.
Que con nadie vamos a hacer el amor como con ella.
Mentira.
Que nadie nos va a querer como nos quería ella.
Mentira. (Gracias a Dios).
Y así podríamos seguir con una lista interminable.
Esto es importante tenerlo en cuenta no sólo para sentirnos mejor en caso de que el distanciamiento con nuestra novia sea irreversible sino también en los momentos en los que estamos intentando una reconciliación.
Nos vamos a sentir más tranquilos y seguros si tenemos en cuenta que si las cosas no nos salen como queremos, no es la muerte de nadie. Y es más, tal vez ella esté perdiendo más que nosotros. Es
bueno que cuando estemos frente a ella tengamos en un lugar de nuestra mente la frase: “Y bueno bombón… si no sos vos será otra”.
Porque siempre viene otra. Las mujeres son como las olas. Siempre va a venir una mejor. Aunque por momentos el mar parezca tornarse más calmo.
¿Viste alguna vez un surfer tendido en la arena llorando porque esa ola que tan bien surfeó durante un rato, se desvaneció en la orilla? Seguro que no. Los tipos agarran de nuevo la tabla y vuelven a encarar el mar en busca de otra ola que muy probablemente será igual o mejor a la que se fue. Tal vez la tengan que esperar un poco flotando, pero siempre llega.
Siempre hay un final feliz
A pesar de todo no podemos dejar de reconocer que nuestros mejores momentos los hemos vivido al lado de una mujer.
Son realmente difíciles de entender pero nadie puede negar que son el ser más atractivo del planeta.
No hay nada que atraiga más a un hombre que una mujer. Ni un paisaje, ni una comida, ni un auto, ni una casa, ni nada. Y eso es algo que no va a cambiar a pesar de que hayamos tenido con ellas experiencias negativas, angustias y desengaños.
Es por eso que por más traumática que haya sido alguna relación o por mucho que nos haya dolido una ruptura, siempre vamos a volver a enamorarnos.
Y por más que hayamos jurado y perjurado no volver a entregar nuestro corazón, vamos a volver a hacerlo. Y está bien que así sea. Porque si la mujer de tu vida aún no llegó, ya va a llegar. Esa que te acepta y te quiere como sos. Esa que quiera compartir todo con vos.
Siempre llega. Y es ahí donde vas a entender un poco mejor por qué no se tuvo que dar con aquella otra.
En ese momento vas a reirte de tu pasado.
Te va a parecer muy pero muy lejano todo el sufrimiento que sentiste en otra época.
Si mirás para atrás te vas a ver a vos mismo como si fueras otra persona.
Y tal vez la mujer con la que compartirás el resto de tu vida sea esa ex novia que tan mal te tiene hoy. Nadie puede saberlo.
Claro que cuando esa mujer aparezca es más que importante que hayas aprendido a manejar ciertas situaciones sin cometer los errores del pasado. Porque a ella tampoco va a gustarle un tipo totalmente entregado, absolutamente transparente, que diga a cada rato “frases prohibidas”, que la tenga atada, que la persiga cuando la note distante o que no se quiera a sí mismo. Es muy probable que esa mujer en algún momento de tu noviazgo también “se confunda” o “necesite un tiempo”, pero cuando eso pase vos vas a recordar que las mujeres en algunas oportunidades necesitan que las manden al campo como a los caballos de salto, que a veces la única jugada ganadora es no jugar, que para pensar está la mente y no el corazón,
que hay que tener el quiero como en el truco, que su llanto es diferente al nuestro, que si sabe que estás muerto sonaste.
Esa será la persona a tu medida. La que estabas esperando y la que de alguna manera estaba esperándote a vos.
Te preguntarás: “¿Por qué no la conocí antes?” Y si lo razonás un poco te vas a dar cuenta de que en realidad todas las vivencias anteriores te sirvieron no sólo como experiencia sino para valorarla mucho más.
Seguramente de aquí a un tiempo estarás parado de espaldas al altar de una iglesia, y al son de una maravillosa música se abrirán las puertas y la verás entrar caminando lentamente hacia vos, más hermosa de lo que alguna vez podrías haberla imaginado. Como si fuera un sueño del que nunca quisieras despertar. En ese instante serás sin duda el hombre más feliz del universo.
A partir de ese momento… bueno… creo que eso ya es parte del próximo libro.