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Gnosti te auton
Traducido y adaptado para Fisiomorfosis.com por José E. “Platón”
http://fisiomorfosis.com/articulos/ciencia/sobre-la-reduccion-local-de-grasa-lyle-mcdonald
Lyle McDonald aborda críticamente una investigación científica que trató de determinar si el trabajo de un músculo quema la grasa que lo recubre (reducción local de grasa). O dicho empleando la terminología del estudio, si la irrigación sanguínea y la lipólisis en el tejido adiposo subcutáneo son afectados por las contracciones de los músculos adyacentes.
Título y resumen del estudio
Stallknecht B et. al. Are blood flow and lipolysis in subcutaneous adipose tissue influenced by contractions in adjacent muscles in humans? Am J Physiol Endocrinol Metab. 2007 Feb;292(2):E394-9.
El ejercicio aeróbico incrementa la lipólisis del tejido adiposo en todo el cuerpo ¿pero es mayor la lipólisis en el tejido adiposo subcutáneo (TASC) adyacente a los músculos que se contraen que en el TASC adyacente a los músculos en reposo? Diez varones saludables, en ayunas desde la noche anterior, realizaron extensiones con una pierna al 25% de su RM durante 30 minutos, seguido por el trabajo de la otra pierna al 55% RM durante120 minutos, y finalmente, al 85% RM durante 30 minutos con la pierna inicial. Los sujetos descansaron 30 minutos entre ejercicios. El flujo sanguíneo del TASC femoral se estimó a partir del lavado del (133)Xe, y la lipólisis se calculó a partir del TASC femoral intersticial y las concentraciones arteriales de glicerol y el flujo sanguíneo. En general, el flujo sanguíneo así como la lipólisis fue mayor en el TASC femoral adyacente a los músculos que se contraían que en los músculos que reposaban (time 15-30 min: blood flow: 25% Wmax: 6.6 +/- 1.0 vs. 3.9 +/- 0.8 ml 100 g(-1) min(-1), P < 0.05; 55% Wmax: 7.3 +/- 0.6 vs. 5.0 +/- 0.6, P < 0.05; 85% Wmax: 6.6 +/- 1.3 vs. 5.9 +/- 0.7, P > 0.05; lipolysis: 25% Wmax: 102 +/- 19 vs. 55 +/- 14 nmol 100 g(-1) min(-1), P = 0.06; 55% Wmax: 86 +/- 11 vs. 50 +/- 20, P > 0.05; 85% Wmax: 88 +/- 31 vs. -9 +/- 25, P < 0.05). En conclusión, el flujo sanguíneo y la lipólisis son por lo general mayores en el TASC adyacente a los músculos que se contraen que en los músculos en reposo con independencia de la intensidad del ejercicio. En consecuencia, los ejercicios específicos pueden inducir una “lipólisis local” en el tejido adiposo.
Antecedentes
La idea de la reducción local de grasa ha gravitado en el mundo deportivo durante décadas. Los hombres que desean unos abdominales marcados pueden ser vistos realizando abdominales hasta dormir a las ovejas, mientras que las mujeres tratan de adelgazar sus caderas y muslos con infinitas repeticiones en las máquinas de aductores y abductores.
Las clases guiadas de una hora de duración para entrenar los abdominales, los glúteos o los muslos, consistentes en multitud de repeticiones para cada área específica, son tónica común en los gimnasios comerciales. Incluso en el mundo culturista, donde debería existir gente mejor informada, algunos piensan que la reducción local de grasa es posible y que trabajar un músculo dado ayudará a reducir la grasa que lo recubre.
En su mayor parte, la idea de la reducción local ha sido contundentemente denegada por los expertos. Varias líneas de investigación pueden citarse a este respecto, incluyendo aquellas que determinaron que no existían diferencias en los pliegues de piel entre los brazos de los tenistas (que habitualmente emplean un brazo mucho más que el otro).
Un ejemplo que empleo a menudo es que “si la reducción local funcionara, la gente que comiera mucho tendría rostros delgados”. Un ejemplo algo estúpido, pero efectivo. Si trabajar un músculo redujera la grasa únicamente en esa zona, eso es lo que ocurriría. Pero no es así.
En ese contexto, debo explicar que existen tres pasos principales involucrados en la pérdida de grasa que podrían potencialmente estar influidos por el trabajo local, aunque el estudio que analizamos analiza únicamente dos de ellos. Estos pasos son:
La lipólisis (la descomposición de la grasa)
La irrigación sanguínea (crítica para el transporte de la grasa descompuesta hacia otros tejidos donde será “quemada”)
La oxidación (la verdadera “quema” de la grasa en tejidos como el hígado o el músculo esquelético)
¿Es posible que la realización de un trabajo local pueda tener un impacto suficiente sobre alguno de los aspectos anteriores de modo que realizar interminables repeticiones de ejercicios localizados valga la pena para perder grasa? Eso es lo que trata de esclarecer esta investigación: si las contracciones de un determinado músculo influyen en la lipólisis o la irrigación sanguínea (la oxidación no fue medida) de las células grasas adyacentes.
Aunque fue publicado hace muchos años, sigue siendo un estudio citado como “evidencia” de la posibilidad de la reducción local de grasa. Vale la pena examinar los efectos potenciales o reales de esta práctica.
El estudio
Empleando dos métodos diferentes para medir la irrigación sanguínea y la lipólisis, el estudio indujo a los sujetos a realizar un ejercicio para la parte inferior del cuerpo a varias intensidades mientras la otra pierna descansaba. De esta forma, la irrigación sanguínea y la lipólisis podía ser registrada y comparada con la de la pierna inactiva.
Esto les permitió comparar la respuesta al ejercicio localizado con la pierna que no trabajaba. Esto tiene una importancia crítica dado que cualquier tipo de ejercicio que involucre al cuerpo entero suele tener efectos sistémicos; es decir, tiene impacto sobre el metabolismo energético de todo el cuerpo. Al limitar el ejercicio a una sola pierna, los investigadores fueron capaces de medir la respuesta únicamente en las células grasas próximas a los músculos que eran trabajados y compararlos con la respuesta de los músculos en reposo para averiguar las diferencias.
El ejercicio fue realizado al 25%, 55% y el 85% de la intensidad máxima con un descanso de 30 minutos, alternando entre piernas al cambiar de intensidad. Esto funcionaba además como medio de control, de modo que la ronda anterior de ejercicio no afectase a la siguiente, ya que la pierna previamente ejercitada disfrutaba de un descanso largo.
Resultados
Como se adelantaba en el resumen, tanto la lipólisis como la irrigación sanguínea aumentaron en la pierna ejercitada respecto a la no ejercitada, aunque esto ocurrió únicamente en las dos intensidades más bajas del ejercicio. En las intensidades más altas, no se observó cambio alguno.
Los investigadores propusieron dos razones para este fenómeno. Primero, los cambios locales en las hormonas (o una sinergia entre los cambios hormonales y la irrigación sanguínea) serían el principal responsable, pero la pregunta principal es por qué sucede esto en primer lugar. Es decir, por qué el sistema funcionaría de esta manera con vistas a mejorar el funcionamiento fisiológico.
La razón que suscita esta pregunta es esta: la grasa movilizada de una zona específica de grasa corporal (por ejemplo el muslo) no puede ser empleada como combustible por el músculo subyacente (por ejemplo los cuádriceps). La irrigación sanguínea del músculo esquelético y de las células grasas están separadas y cualquier grasa movilizada desde un área adyacente entrará en la circulación local; de nuevo, no puede ser empleada directamente por el músculo.
En consecuencia no existe razón fisiológica de peso por la que ejercitar un músculo dado causaría la movilización de los ácidos grasos; ese músculo no puede utilizarlos. Por supuesto, la fisiología no necesita ser lógica para funcionar de una cierta forma, y preocuparse de los porqués en lugar de observar lo que sucede, puede hacernos perder el horizonte.
En relación con esto, los investigadores afirman claramente que no existe prueba de que estos resultados produzcan una reducción local, ya que los depósitos grasos de las áreas afectadas podrían simplemente ser repuestos tras la ronda de ejercicio. No midieron el almacenaje graso después de que la actividad se detuviera, y un proceso que sucede a menudo es la re-esterificación de los ácidos grasos; básicamente, la grasa movilizada no es quemada en ninguna parte del cuerpo, sino que vuelve a ser almacenada en la célula. En algunos casos realmente extraños, la grasa movilizada de un área corporal podría ser restaurada en las células grasas de otra parte del cuerpo.
Los investigadores especulan también que el incremento local de la temperatura, el cual puede afectar a la irrigación sanguínea, podría también hallarse involucrado en los resultados obtenidos. El frío tiende a producir vasoconstricción y el calor vasodilatación, por lo que podría existir alguna lógica en los cinturones de goma y similares que se emplean para calentar algunas zonas antes del ejercicio.
Sea por la razón que sea, el caso es que entrenar un músculo dado durante 30 minutos con una intensidad de baja a moderada incrementó la lipólisis de las células grasas y la irrigación sanguínea.
¿Entonces la reducción local de grasa es posible, verdad? Prosigamos.
Aunque resulta evidente que el ejercicio localizado activó la lipólisis de las células grasas y la irrigación, advertirás que hasta el momento he omitido una importante cuestión: el verdadero impacto cuantitativo de este efecto. Es decir, la cantidad de grasa que realmente fue transformada en combustible, para potencialmente ser quemada.
Los investigadores estimaron que en 30 minutos de ejercicio localizado, se movilizaban 0,6-2,1 miligramos adicionales (un miligramo es la milésima parte un gramo) por cada 100 gramos de tejido adiposo adyacente al músculo.
Pongamos esto en contexto. Imaginemos que almacenas 5 kg de temblorosa grasa en un área corporal determinada.
Si el ejercicio localizado puede movilizar 0,6-2,1 miligramos de grasa por cada 100 gramos de masa grasa, eso significa:
0.6-2.1 mg/100 gramos * 1000 gramos/kg * 5 kg = 30-105 miligramos de grasa.
O 0.03-0.1 gramos de grasa adicional movilizados en 30 minutos de actividad.
Un kilo de grasa contiene unos 880 gramos de grasa, de modo que nuestros hipotéticos 5 kg de grasa contienen unos 4400 gramos de grasa. Y 30 minutos de ejercicio local movilizan a lo sumo 0,1 gramos de grasa. Genial. Estarás definido dentro de 1000 años.
En conclusión
En lo a que mí respecta, esto debería suponer la muerte de la idea de la reducción local de grasa. En efecto, el músculo local ejercitado imparte ciertas influencias en el metabolismo de las células grasas, pero el efecto es completamente irrelevante en términos cuantitativos. La cantidad de grasa movilizada por el aumento hormonal o la irrigación sanguínea resulta insignificante en la práctica.
Existe además el hecho de que comparado con ejercicios cardiovasculares que involucren al cuerpo entero, el trabajo local de un solo grupo muscular quema cantidades ínfimas de calorías. Realizar cardio durante 30 minutos incluso a una tasa razonable de 5 calorías por minuto (lo que es fácil) quemaría 150 calorías. Si estimamos una utilización del 90% como combustible, habrías quemado 15 gramos de grasa, en comparación con los 0,1 gramos que hubieras movilizado realizando abdominales.
Las actividades orientadas al trabajo local de muslos o abdomen son simplemente una pérdida de tiempo en términos de reducción grasa.
Traducido y adaptado para Fisiomorfosis.com por José E. “Platón”
http://fisiomorfosis.com/articulos/ciencia/sobre-la-reduccion-local-de-grasa-lyle-mcdonald
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Lyle McDonald aborda críticamente una investigación científica que trató de determinar si el trabajo de un músculo quema la grasa que lo recubre (reducción local de grasa). O dicho empleando la terminología del estudio, si la irrigación sanguínea y la lipólisis en el tejido adiposo subcutáneo son afectados por las contracciones de los músculos adyacentes.
Título y resumen del estudio
Stallknecht B et. al. Are blood flow and lipolysis in subcutaneous adipose tissue influenced by contractions in adjacent muscles in humans? Am J Physiol Endocrinol Metab. 2007 Feb;292(2):E394-9.
El ejercicio aeróbico incrementa la lipólisis del tejido adiposo en todo el cuerpo ¿pero es mayor la lipólisis en el tejido adiposo subcutáneo (TASC) adyacente a los músculos que se contraen que en el TASC adyacente a los músculos en reposo? Diez varones saludables, en ayunas desde la noche anterior, realizaron extensiones con una pierna al 25% de su RM durante 30 minutos, seguido por el trabajo de la otra pierna al 55% RM durante120 minutos, y finalmente, al 85% RM durante 30 minutos con la pierna inicial. Los sujetos descansaron 30 minutos entre ejercicios. El flujo sanguíneo del TASC femoral se estimó a partir del lavado del (133)Xe, y la lipólisis se calculó a partir del TASC femoral intersticial y las concentraciones arteriales de glicerol y el flujo sanguíneo. En general, el flujo sanguíneo así como la lipólisis fue mayor en el TASC femoral adyacente a los músculos que se contraían que en los músculos que reposaban (time 15-30 min: blood flow: 25% Wmax: 6.6 +/- 1.0 vs. 3.9 +/- 0.8 ml 100 g(-1) min(-1), P < 0.05; 55% Wmax: 7.3 +/- 0.6 vs. 5.0 +/- 0.6, P < 0.05; 85% Wmax: 6.6 +/- 1.3 vs. 5.9 +/- 0.7, P > 0.05; lipolysis: 25% Wmax: 102 +/- 19 vs. 55 +/- 14 nmol 100 g(-1) min(-1), P = 0.06; 55% Wmax: 86 +/- 11 vs. 50 +/- 20, P > 0.05; 85% Wmax: 88 +/- 31 vs. -9 +/- 25, P < 0.05). En conclusión, el flujo sanguíneo y la lipólisis son por lo general mayores en el TASC adyacente a los músculos que se contraen que en los músculos en reposo con independencia de la intensidad del ejercicio. En consecuencia, los ejercicios específicos pueden inducir una “lipólisis local” en el tejido adiposo.
Antecedentes
La idea de la reducción local de grasa ha gravitado en el mundo deportivo durante décadas. Los hombres que desean unos abdominales marcados pueden ser vistos realizando abdominales hasta dormir a las ovejas, mientras que las mujeres tratan de adelgazar sus caderas y muslos con infinitas repeticiones en las máquinas de aductores y abductores.
Las clases guiadas de una hora de duración para entrenar los abdominales, los glúteos o los muslos, consistentes en multitud de repeticiones para cada área específica, son tónica común en los gimnasios comerciales. Incluso en el mundo culturista, donde debería existir gente mejor informada, algunos piensan que la reducción local de grasa es posible y que trabajar un músculo dado ayudará a reducir la grasa que lo recubre.
En su mayor parte, la idea de la reducción local ha sido contundentemente denegada por los expertos. Varias líneas de investigación pueden citarse a este respecto, incluyendo aquellas que determinaron que no existían diferencias en los pliegues de piel entre los brazos de los tenistas (que habitualmente emplean un brazo mucho más que el otro).
Un ejemplo que empleo a menudo es que “si la reducción local funcionara, la gente que comiera mucho tendría rostros delgados”. Un ejemplo algo estúpido, pero efectivo. Si trabajar un músculo redujera la grasa únicamente en esa zona, eso es lo que ocurriría. Pero no es así.
En ese contexto, debo explicar que existen tres pasos principales involucrados en la pérdida de grasa que podrían potencialmente estar influidos por el trabajo local, aunque el estudio que analizamos analiza únicamente dos de ellos. Estos pasos son:
La lipólisis (la descomposición de la grasa)
La irrigación sanguínea (crítica para el transporte de la grasa descompuesta hacia otros tejidos donde será “quemada”)
La oxidación (la verdadera “quema” de la grasa en tejidos como el hígado o el músculo esquelético)
¿Es posible que la realización de un trabajo local pueda tener un impacto suficiente sobre alguno de los aspectos anteriores de modo que realizar interminables repeticiones de ejercicios localizados valga la pena para perder grasa? Eso es lo que trata de esclarecer esta investigación: si las contracciones de un determinado músculo influyen en la lipólisis o la irrigación sanguínea (la oxidación no fue medida) de las células grasas adyacentes.
Aunque fue publicado hace muchos años, sigue siendo un estudio citado como “evidencia” de la posibilidad de la reducción local de grasa. Vale la pena examinar los efectos potenciales o reales de esta práctica.
El estudio
Empleando dos métodos diferentes para medir la irrigación sanguínea y la lipólisis, el estudio indujo a los sujetos a realizar un ejercicio para la parte inferior del cuerpo a varias intensidades mientras la otra pierna descansaba. De esta forma, la irrigación sanguínea y la lipólisis podía ser registrada y comparada con la de la pierna inactiva.
Esto les permitió comparar la respuesta al ejercicio localizado con la pierna que no trabajaba. Esto tiene una importancia crítica dado que cualquier tipo de ejercicio que involucre al cuerpo entero suele tener efectos sistémicos; es decir, tiene impacto sobre el metabolismo energético de todo el cuerpo. Al limitar el ejercicio a una sola pierna, los investigadores fueron capaces de medir la respuesta únicamente en las células grasas próximas a los músculos que eran trabajados y compararlos con la respuesta de los músculos en reposo para averiguar las diferencias.
El ejercicio fue realizado al 25%, 55% y el 85% de la intensidad máxima con un descanso de 30 minutos, alternando entre piernas al cambiar de intensidad. Esto funcionaba además como medio de control, de modo que la ronda anterior de ejercicio no afectase a la siguiente, ya que la pierna previamente ejercitada disfrutaba de un descanso largo.
Resultados
Como se adelantaba en el resumen, tanto la lipólisis como la irrigación sanguínea aumentaron en la pierna ejercitada respecto a la no ejercitada, aunque esto ocurrió únicamente en las dos intensidades más bajas del ejercicio. En las intensidades más altas, no se observó cambio alguno.
Los investigadores propusieron dos razones para este fenómeno. Primero, los cambios locales en las hormonas (o una sinergia entre los cambios hormonales y la irrigación sanguínea) serían el principal responsable, pero la pregunta principal es por qué sucede esto en primer lugar. Es decir, por qué el sistema funcionaría de esta manera con vistas a mejorar el funcionamiento fisiológico.
La razón que suscita esta pregunta es esta: la grasa movilizada de una zona específica de grasa corporal (por ejemplo el muslo) no puede ser empleada como combustible por el músculo subyacente (por ejemplo los cuádriceps). La irrigación sanguínea del músculo esquelético y de las células grasas están separadas y cualquier grasa movilizada desde un área adyacente entrará en la circulación local; de nuevo, no puede ser empleada directamente por el músculo.
En consecuencia no existe razón fisiológica de peso por la que ejercitar un músculo dado causaría la movilización de los ácidos grasos; ese músculo no puede utilizarlos. Por supuesto, la fisiología no necesita ser lógica para funcionar de una cierta forma, y preocuparse de los porqués en lugar de observar lo que sucede, puede hacernos perder el horizonte.
En relación con esto, los investigadores afirman claramente que no existe prueba de que estos resultados produzcan una reducción local, ya que los depósitos grasos de las áreas afectadas podrían simplemente ser repuestos tras la ronda de ejercicio. No midieron el almacenaje graso después de que la actividad se detuviera, y un proceso que sucede a menudo es la re-esterificación de los ácidos grasos; básicamente, la grasa movilizada no es quemada en ninguna parte del cuerpo, sino que vuelve a ser almacenada en la célula. En algunos casos realmente extraños, la grasa movilizada de un área corporal podría ser restaurada en las células grasas de otra parte del cuerpo.
Los investigadores especulan también que el incremento local de la temperatura, el cual puede afectar a la irrigación sanguínea, podría también hallarse involucrado en los resultados obtenidos. El frío tiende a producir vasoconstricción y el calor vasodilatación, por lo que podría existir alguna lógica en los cinturones de goma y similares que se emplean para calentar algunas zonas antes del ejercicio.
Sea por la razón que sea, el caso es que entrenar un músculo dado durante 30 minutos con una intensidad de baja a moderada incrementó la lipólisis de las células grasas y la irrigación sanguínea.
¿Entonces la reducción local de grasa es posible, verdad? Prosigamos.
Aunque resulta evidente que el ejercicio localizado activó la lipólisis de las células grasas y la irrigación, advertirás que hasta el momento he omitido una importante cuestión: el verdadero impacto cuantitativo de este efecto. Es decir, la cantidad de grasa que realmente fue transformada en combustible, para potencialmente ser quemada.
Los investigadores estimaron que en 30 minutos de ejercicio localizado, se movilizaban 0,6-2,1 miligramos adicionales (un miligramo es la milésima parte un gramo) por cada 100 gramos de tejido adiposo adyacente al músculo.
Pongamos esto en contexto. Imaginemos que almacenas 5 kg de temblorosa grasa en un área corporal determinada.
Si el ejercicio localizado puede movilizar 0,6-2,1 miligramos de grasa por cada 100 gramos de masa grasa, eso significa:
0.6-2.1 mg/100 gramos * 1000 gramos/kg * 5 kg = 30-105 miligramos de grasa.
O 0.03-0.1 gramos de grasa adicional movilizados en 30 minutos de actividad.
Un kilo de grasa contiene unos 880 gramos de grasa, de modo que nuestros hipotéticos 5 kg de grasa contienen unos 4400 gramos de grasa. Y 30 minutos de ejercicio local movilizan a lo sumo 0,1 gramos de grasa. Genial. Estarás definido dentro de 1000 años.
En conclusión
En lo a que mí respecta, esto debería suponer la muerte de la idea de la reducción local de grasa. En efecto, el músculo local ejercitado imparte ciertas influencias en el metabolismo de las células grasas, pero el efecto es completamente irrelevante en términos cuantitativos. La cantidad de grasa movilizada por el aumento hormonal o la irrigación sanguínea resulta insignificante en la práctica.
Existe además el hecho de que comparado con ejercicios cardiovasculares que involucren al cuerpo entero, el trabajo local de un solo grupo muscular quema cantidades ínfimas de calorías. Realizar cardio durante 30 minutos incluso a una tasa razonable de 5 calorías por minuto (lo que es fácil) quemaría 150 calorías. Si estimamos una utilización del 90% como combustible, habrías quemado 15 gramos de grasa, en comparación con los 0,1 gramos que hubieras movilizado realizando abdominales.
Las actividades orientadas al trabajo local de muslos o abdomen son simplemente una pérdida de tiempo en términos de reducción grasa.
Traducido y adaptado para Fisiomorfosis.com por José E. “Platón”
http://fisiomorfosis.com/articulos/ciencia/sobre-la-reduccion-local-de-grasa-lyle-mcdonald