George Clooney
Banned
La crisis del 2010 será consecuencia del proceso de muerte de la estructura actual; muerte que por dramático que pueda parecernos, no hace más que encuadrase en la dinámica histórica que lleva aconteciendo en los últimos dos mil años; una dinámica que supone que todo cambia, evoluciona, se agota y muere.
La estructura actual nació en 1928 y es propia al estado de bienestar en el que el planeta ha estado inmerso desde dicho año. La crisis de 1929 y la Gran Depresión significaron un cambio radical con respecto al pasado, un cambio que se manifestó a través de la unión entre el ‘apoyo social’ y la ‘supervivencia’ y que se concretizó en un crecimiento económico continuado, sin embargo, tal estado de bienestar, tal estado de ‘ir a más’, de crecer, ha dejado de lado algo que es imprescindible: la estabilidad.
Por ello, la actual estructura se halla en proceso de desaparición debido a que la búsqueda del éxito individual, consustancial a la evolución que el sistema ha adoptado, no ha considerado la necesidad de cumplir los pactos de estabilidad que implícitamente estaban contenidos en el proyecto iniciado en 1928, lo que ha implicado un gasto de recursos desmedido que, en la mayoría de las ocasiones, ha derivado en el desperdicio.
El motivo de tal desperdicio ha sido la propia filosofía capitalista. El Capitalismo es individualista, es decir, cada individuo debe mirar para sí a fin de avanzar en su evolución personal, lo que supone que no ha de preocuparse de los demás porque cada uno de esos demás se fijará, únicamente, en sí mismo; en consecuencia, cada individuo actuará del mejor modo que pueda y sepa para sí, pero esa forma de proceder supone el desperdicio de recursos.
Entre 1973 y 1984, con las dos crisis energéticas, el sistema avisa de que al ritmo de consumo a que están siendo sometidos los recursos difícilmente se podrá continuar avanzando. La respuesta llega en la década de los 80 con el inicio de la mejora de la productividad, lo que desconecta el crecimiento económico del empleo de los factores productivos, sin embargo, el aspecto individualista del proceso, no se revirtió, más aún, se aceleró: el proceder de los yuppies y la expansión del proceso globalizador lo atestigua.
En los 80 hubiera tenido que abordarse un pacto, hubiera tenido que diseñarse una estrategia colectiva y participativa a fin de optimizar la utilización de los recursos que hubiese redundado en la disminución de su consumo, lo que no se hizo ya que continuó pensándose en términos individuales. Tal pacto ya fue totalmente imposible a partir de 1995 cuando al proceso se convierte en postglobal gracias a las TICs.
La crisis del 2010 será de características muy parecidas a la de 1929: fin de un modo de hacer las cosas, aunque, a diferencia de lo sucedido con esta, cuya llegada fue por sorpresa debido a que la sociedad de los años 20 vivía totalmente centrada en el presente, la del 2010 se está viendo venir desde hace tiempo (otra cosa es que se diga), por lo que su impacto no será tan violento como la del 29; además, los restos del modelo de protección social mitigarán, en parte, sus consecuencias; no obstante, ese efecto mitigador será muy limitado debido a los progresivos recortes que en el modelo lleva tiempo forzando la propia evolución del sistema, recortes que se acrecentarán.
Hay algo que lleva tiempo anunciando el germen de unos nuevos elementos filosóficos. La Tercera Vía, con su constante referencia a la responsabilidad, a que las personas deben ser responsables, a que las personas deben actuar responsablemente, a que cada persona debe actuar con responsabilidad, está poniendo sobre la mesa la idea de que ya no hay nadie que, por encima de cada persona, vele a fin de corregir las desviaciones que se van produciendo; es decir, lo que la filosofía que subyace en la Tercera Vía está anunciando es que ‘cada palo ha de aguantar su vela’.
Entre Septiembre del 2007 y Octubre del 2009 se producirá la fase previa a los años más duros de la crisis: 2010, 2011 y 2012. Se irán implementando medidas enfocadas a evitar ‘ir a peor’. En este decorado se producirá el choque entre todo aquello que brinda seguridad y la pura supervivencia debido a que al ser ésta lo fundamental, el mantenimiento de la protección social entorpece las actuaciones necesarias para lograrlo.
Por ello, las políticas y actuaciones se centrarán en ‘lo básico’, lo que dará lugar a que se instalen concepciones minimalistas, y que gran número de servicios básicos -sanidad, educación, ...- entren en crisis, lo que afectará de lleno al modelo de protección social que empeorará ostensiblemente la calidad de su funcionamiento -falta de recursos financieros, de profesionales, de material- así como su grado de cobertura, generalizándose, además, el pago de los menguantes servicios recibidos por parte de sus perceptoras y perceptores como ya sucede en varios países europeos.
El período Enero del 2008 – Octubre del 2009 será un período bisagra en el que el objetivo único será el ‘alargamiento de lo que se tiene’ a fin de ‘no perder lo que hay’ y que dará lugar a que se lleven a cabo reducciones generalizadas en todos los órdenes vía la aplicación de recortes manifestados en auténticos y masivos ‘tijeretazos’, aunque dependiendo del uso que se pretenda dar a los recursos, es decir, de la utilidad que vaya a tener lo que se pretenda hacer con los recursos que se precise utilizar. Las valoraciones que en este período se realicen de la situación concluirán con un “¡aún aguantamos!”.
Es decir, en dicho período, se acentuará el sentimiento de que lo único importante es la supervivencia, por ello, la confianza decaerá y las creencias, todas las creencias y las ilusiones, se tambalean. Los puntos de vista, las percepciones, se tornarán mucho más utilitaristas, por lo que el mensaje de los políticos variará, pasándose a un entorno de ‘menos hablar y más hacer’.
Entre Octubre del 2009 y Septiembre del 2010, dramáticamente se irán poniendo de manifiesto las contradicciones existentes entre la filosofía del actual sistema, el nuestro, con la idea de supervivencia derivada de la escasez real de recursos. En gran medida debido a estas contradicciones, se irá extendiendo la percepción de que ‘las cosas no funcionan’ tal y como, en base a la actual filosofía, deberían funcionar.
El 2011 será un año especialmente duro, de hecho será el más duro de todo el período de crisis.
Entre los años 2012 y 2015 se impone, de hecho, un modelo de economía regulada en todos los países. La población asume las regulaciones debido a que éstas suponen reducir su nivel de preocupación y de incertidumbre, pero, también porque, para la población, el paso, en menos de cuatro años, de una situación en la que los responsables económicos y los líderes políticos pregonaban las bondades del momento a otro de carencias generalizadas, ha sumido a las ciudadanías un auténtico estado de shock.
La regulación de la economía supone, de facto, la implantación de una economía de subsistencia, en la que los intercambios se reducen a un nivel muy primario, recurriéndose, en muchas ocasiones, al trueque. En ese escenario, el apoyo de instituciones y Estados estará dirigido, de forma específica y concreta, a aquellas técnicas y a aquellos procesos orientados a la transformación de los recursos a fin de aumentar su utilidad. En este entorno, una de las figuras que experimentarán una transformación más profunda serán los Estados.
Durante los años de crisis la importancia de las corporaciones crecerá aceleradamente, continuando un proceso que ya empezó en los años 80; este creciente papel de las corporaciones se producirá a costa del declive del papel Estado; de hecho, este declive del papel del Estado será uno de los signos más significativos de que el sistema aún vigente, el actual, está muriendo.
Las corporaciones irán ganando poder en la vida económica y social, ganancia de poder que será asumida y aceptada por la población. Ello será consecuencia de su mucha mayor operatividad en cuanto a la gestión en comparación con unos Estados que se muestran impotentes para funcionar en un entorno que en nada se asemeja al que estos estaban acostumbrados a operar; en otras palabras, la población acepta el poder de las corporaciones porque, de hecho, las corporaciones ya ostentarán el poder real cuando la población se aperciba de ello debido a que, desde Septiembre del 2007, pero, sobre todo desde Enero del 2008, se ha estado produciendo una oleada de absorciones empresariales que ha ido alimentando ese poder corporativo.
Un campo que durante estos años de crisis experimentará un avance espectacular será la biotecnología, todos los aspectos del mismo, incluida la genética; el objetivo de tales avances será la mejora de elementos específicos de diversos subsectores y siempre bajo la óptica de la utilidad.
Hacia el mes de Octubre del 2012 serán visibles los primeros signos de que la parte más dura de la crisis ya ha pasado. Se manifestará una mayor facilidad en el acceso a algunos bienes y servicios baratos que la población necesita y que le ayudará a sobrellevar su situación de carencia; en esta línea es posible la legalización de la marihuana del mismo modo que la Ley Seca fue derogada, en 1933, durante la Gran Depresión; también el posible acceso gratuito a múltiples canales de televisión orientados al entretenimiento.
Entre el 2015 y el 2020, aunque aún con innumerables problemas, se irá produciendo una mejora paulatina de la situación, lo que se traducirá en la valoración de la creatividad, en la potenciación de las nuevas ideas y en la posible aparición de una nueva forma de energía. A lo largo del 2018 se irá asentando la percepción del fin de la crisis.
A finales del 2020 la crisis se dará, definitivamente, por concluida, sin embargo nada será ya igual a como era antes de su estallido en el 2010.
Santiago Niño Becerra -- Septiembre de 2006