Noor1
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¿Por qué no?
La labor teorética y la labor deportiva son cosas que hoy en día se entienden la una sin la otra, pero esto no ha sido siempre así. Prácticamente todo el mundo conoce el caso griego, donde el culto al cuerpo era una premisa tan fundamental como ser una persona intelectulamente excelente. Desde luego, una conversación académica como puede ser la doctrina de las Ideas de Platón no recibiría una fogosa acogida en un lugar en el que los usuarios se reúnen para discutir sobre actividades deportivas, nutricionales, etc.
Sin embargo, allí donde se produce una reflexión, profunda o intuitiva, en torno a alguna cuestión que es precisamente eso, un interrogante sin concluir, allí, digo, uno puede participar de la saludable actividad de filosofar. Solemos asociar filosofía (al menos en los casos de los que yo tengo experiencia) con 1) un sinfin de preguntas para las que se da un sinfin de respuestas (qué es el ser, qué es la nada, qué es el yo, qué es lo otro...) que no parecen concluyentes o 2) un ejercicio de ergotismo obscuro y confuso (esto es así, y esto es así, ergo eso es de ese modo) que aborda cuestiones tan inefables como la pregunta por lo divino.
Una reflexión filosófica no se reduce a cuestiones como esas, aunque las acoge (con más rigurosidad de lo que yo me limito a explicar). Pensar en, por ejemplo, cómo entendemos los procesos de la globalización, o en qué bases se apoya nuestro pensamiento ecológico (en base al cual actuamos), también forman parte de una gratificante reflexión filosófica. Y en un lugar dedicado al culturismo, con aficionados con un sólido ideal de armonía corporal bien establecido, cabe muy placenteramente una conversación reflexiva sobre asuntos que ocupan la mollera humana desde que tiene uso de razón.
Si alguien quiere empaparse de la profundísima conexión que otrora tuvieron la filosofía y la actividad corporal, puede ilustrarse leyendo la introducción del Lisis de Platón, un cortísimo diálogo que tiene lugar en torno a una palestra griega. ¿Y de qué se discute en ese lugar dedicado al ejercicio? Ni más ni menos que de la amistad.
La labor teorética y la labor deportiva son cosas que hoy en día se entienden la una sin la otra, pero esto no ha sido siempre así. Prácticamente todo el mundo conoce el caso griego, donde el culto al cuerpo era una premisa tan fundamental como ser una persona intelectulamente excelente. Desde luego, una conversación académica como puede ser la doctrina de las Ideas de Platón no recibiría una fogosa acogida en un lugar en el que los usuarios se reúnen para discutir sobre actividades deportivas, nutricionales, etc.
Sin embargo, allí donde se produce una reflexión, profunda o intuitiva, en torno a alguna cuestión que es precisamente eso, un interrogante sin concluir, allí, digo, uno puede participar de la saludable actividad de filosofar. Solemos asociar filosofía (al menos en los casos de los que yo tengo experiencia) con 1) un sinfin de preguntas para las que se da un sinfin de respuestas (qué es el ser, qué es la nada, qué es el yo, qué es lo otro...) que no parecen concluyentes o 2) un ejercicio de ergotismo obscuro y confuso (esto es así, y esto es así, ergo eso es de ese modo) que aborda cuestiones tan inefables como la pregunta por lo divino.
Una reflexión filosófica no se reduce a cuestiones como esas, aunque las acoge (con más rigurosidad de lo que yo me limito a explicar). Pensar en, por ejemplo, cómo entendemos los procesos de la globalización, o en qué bases se apoya nuestro pensamiento ecológico (en base al cual actuamos), también forman parte de una gratificante reflexión filosófica. Y en un lugar dedicado al culturismo, con aficionados con un sólido ideal de armonía corporal bien establecido, cabe muy placenteramente una conversación reflexiva sobre asuntos que ocupan la mollera humana desde que tiene uso de razón.
Si alguien quiere empaparse de la profundísima conexión que otrora tuvieron la filosofía y la actividad corporal, puede ilustrarse leyendo la introducción del Lisis de Platón, un cortísimo diálogo que tiene lugar en torno a una palestra griega. ¿Y de qué se discute en ese lugar dedicado al ejercicio? Ni más ni menos que de la amistad.