Atonito
New member
Desde que practico las dietas recomendadas en este, nuestro foro, mi cuerpo se ha convertido en un laboratorio experimental. En mi insaciable búsqueda he ingerido, bebido y lamido todo tipo de nutrientes preparados de mil maneras. Me he adentrado en terrenos desconocidos para mí, exponiendo mi salud en pos del conocimiento.
Mis investigaciones han llegado a conclusiones muy valiosas para el desarrollo del fisioculturismo y, por ende, de la humanidad, por ejemplo: el atún no queda bien con leche hervida, es necesaria media yema cada cuatro claras para batir una tortilla, no se puede hacer infusión con la pechuga de pollo, las proteínas en polvo son un potente adhesivo y no es posible preparar pan a partir de claras de huevo, nunca crujen.
Pero todo tiene un precio: la gastroenteritis.
Sí amigos. El enemigo del culturista moderno, aparte del catabolismo y los preplayas, es la indisposición gástrica. Tras muchos intentos con infusiones, cítricos y verduras con maravillosas propiedades, he encontrado el remedio infalible e inmediato: chicle de jengibre.
Apunten esta receta alquímica, no es la panacea, pero se acerca.
En un recipiente ancho, hierva leche con rodajas de raiz de jengibre de 1 mm de espesor. La leche producirá una película en su superficie. Deje que el agua se evapore y remueva. Al cabo de unos minutos, las rodajas de jengibre habrán perdido su sabor picante aunque no su aroma. El líquido sobrante, denso y muy especiado, es un valiosísimo brebaje, ¡pero no toque la película de proteína formada por la leche!
Beba a pequeños sorbos la infusión y a continuación, forme con los dientes una pasta con las láminas de jengibre y la nata de la leche. Manténgala en delante de los dientes, como si fuera un protector de boxeo. Puede añadir edulcorante líquido si lo desea. Notará un pequeño picor: son los componentes activos del jengibre que pasan al torrente sanguíneo a través de sus encias. La saliva, a su vez, transportará el concentrado a su estómago y al cabo de diez minutos el alivio será inmediato.
¡Pruébelo!
Mis investigaciones han llegado a conclusiones muy valiosas para el desarrollo del fisioculturismo y, por ende, de la humanidad, por ejemplo: el atún no queda bien con leche hervida, es necesaria media yema cada cuatro claras para batir una tortilla, no se puede hacer infusión con la pechuga de pollo, las proteínas en polvo son un potente adhesivo y no es posible preparar pan a partir de claras de huevo, nunca crujen.
Pero todo tiene un precio: la gastroenteritis.
Sí amigos. El enemigo del culturista moderno, aparte del catabolismo y los preplayas, es la indisposición gástrica. Tras muchos intentos con infusiones, cítricos y verduras con maravillosas propiedades, he encontrado el remedio infalible e inmediato: chicle de jengibre.
Apunten esta receta alquímica, no es la panacea, pero se acerca.
En un recipiente ancho, hierva leche con rodajas de raiz de jengibre de 1 mm de espesor. La leche producirá una película en su superficie. Deje que el agua se evapore y remueva. Al cabo de unos minutos, las rodajas de jengibre habrán perdido su sabor picante aunque no su aroma. El líquido sobrante, denso y muy especiado, es un valiosísimo brebaje, ¡pero no toque la película de proteína formada por la leche!
Beba a pequeños sorbos la infusión y a continuación, forme con los dientes una pasta con las láminas de jengibre y la nata de la leche. Manténgala en delante de los dientes, como si fuera un protector de boxeo. Puede añadir edulcorante líquido si lo desea. Notará un pequeño picor: son los componentes activos del jengibre que pasan al torrente sanguíneo a través de sus encias. La saliva, a su vez, transportará el concentrado a su estómago y al cabo de diez minutos el alivio será inmediato.
¡Pruébelo!