La calidad de las instalaciones sitúa a los gimnasios de Bilbao como los más caros de España.
Mantener el cuerpo en forma no sólo exige una fuerte disciplina sino un importante desembolso. En Bilbao, más que en ninguna otra ciudad española. Los gimnasios de la capital vizcaína figuran entre los más caros del país, junto a los de Madrid, aunque también ofrecen la mejor relación calidad-precio. Las conclusiones del informe de Consumer Eroski no dejan lugar a dudas tras las visitas de sus inspectores a 200 centro de 18 ciudades en los que se hicieron pasar por clientes interesados en inscribirse.
Los usuarios bilbaínos deben abonar una cuota mensual de 71 euros, frente a los 56 de la media nacional, lo que supone un encarecimiento del 28 por ciento. No obstante, pueden ahorrarse un buen pico -casi 840 euros anuales- según el establecimiento que elijan. Quienes optan por el más exclusivo pagan 118 euros frente a los 39 del más económico. Bastante más que la cuota fijada en el gimnasio más selecto de Barcelona -94 euros-, aunque lejos del más 'pijo' de Madrid -167-.
La competencia y la necesidad de reforzar los servicios para ganarse a la clientela acaba repercutiendo de forma notable en los bolsillos. En los locales bilbaínos que disponen de 'zonas de agua' o SPA, tan de moda, la mensualidad se dispara hasta los 90 euros. A estas tarifas hay que añadir el importe de la matrícula que se exige en diez de los doce establecimientos inspeccionados y que, por término medio, no baja de los 45 euros.
Una gran inversión que, al menos en la capital vizcaína, está justificada por la alta calidad de sus instalaciones -con la calificación de 'excelentes' reciben la mejor nota de España - y su cuidado mantenimiento. El equipamiento de las salas, la iluminación, la ventilación y la limpieza tanto de máquinas como de vestuarios y aseos no admiten ni un solo reproche. Todos los equipamientos cumplen las medidas de seguridad al disponer de extintores y salidas de emergencia señalizadas y libres de obstáculos.
Además, en tres de cada cuatro cuelgan de sus paredes carteles en los que se informa a los usuarios sobre cómo actuar en caso de emergencia y en nueve de cada diez se advierte sobre los peligros que entraña el uso de los rayos UVA. Por contra, ningún centro cuenta con parking propio para el uso de sus socios y en ocho de cada diez fue imposible regular la temperatura del agua de las duchas.
El panorama en Vitoria es diferente, según Consumer, ya que cuatro de cada diez gimnasios carecen de salidas de emergencia, mientras que los suelos de sus vestuarios no disponen de suelo antideslizante. Las instalaciones donostiarras, cuyos responsables se negaron a informar sobre la titulación de sus monitores, no pasan de aceptables.
Al igual que ocurre en casi todos los centros españoles, el informe de Consumer reprueba el deficiente asesoramiento médico que se dispensa a los usuarios. Los gimnasios se limitan a ofrecer un seguro de responsabilidad civil. Sólo uno realiza un examen médico previo al cliente con el fin de conocer su condición física y sólo otro pregunta a los futuros socios sobre su estado de salud y hábitos de vida, como si llevan una vida sedentaria, fuman, toman algún tipo de medicación o bien padecen alguna enfermedad o lesión.
Mantener el cuerpo en forma no sólo exige una fuerte disciplina sino un importante desembolso. En Bilbao, más que en ninguna otra ciudad española. Los gimnasios de la capital vizcaína figuran entre los más caros del país, junto a los de Madrid, aunque también ofrecen la mejor relación calidad-precio. Las conclusiones del informe de Consumer Eroski no dejan lugar a dudas tras las visitas de sus inspectores a 200 centro de 18 ciudades en los que se hicieron pasar por clientes interesados en inscribirse.
Los usuarios bilbaínos deben abonar una cuota mensual de 71 euros, frente a los 56 de la media nacional, lo que supone un encarecimiento del 28 por ciento. No obstante, pueden ahorrarse un buen pico -casi 840 euros anuales- según el establecimiento que elijan. Quienes optan por el más exclusivo pagan 118 euros frente a los 39 del más económico. Bastante más que la cuota fijada en el gimnasio más selecto de Barcelona -94 euros-, aunque lejos del más 'pijo' de Madrid -167-.
La competencia y la necesidad de reforzar los servicios para ganarse a la clientela acaba repercutiendo de forma notable en los bolsillos. En los locales bilbaínos que disponen de 'zonas de agua' o SPA, tan de moda, la mensualidad se dispara hasta los 90 euros. A estas tarifas hay que añadir el importe de la matrícula que se exige en diez de los doce establecimientos inspeccionados y que, por término medio, no baja de los 45 euros.
Una gran inversión que, al menos en la capital vizcaína, está justificada por la alta calidad de sus instalaciones -con la calificación de 'excelentes' reciben la mejor nota de España - y su cuidado mantenimiento. El equipamiento de las salas, la iluminación, la ventilación y la limpieza tanto de máquinas como de vestuarios y aseos no admiten ni un solo reproche. Todos los equipamientos cumplen las medidas de seguridad al disponer de extintores y salidas de emergencia señalizadas y libres de obstáculos.
Además, en tres de cada cuatro cuelgan de sus paredes carteles en los que se informa a los usuarios sobre cómo actuar en caso de emergencia y en nueve de cada diez se advierte sobre los peligros que entraña el uso de los rayos UVA. Por contra, ningún centro cuenta con parking propio para el uso de sus socios y en ocho de cada diez fue imposible regular la temperatura del agua de las duchas.
El panorama en Vitoria es diferente, según Consumer, ya que cuatro de cada diez gimnasios carecen de salidas de emergencia, mientras que los suelos de sus vestuarios no disponen de suelo antideslizante. Las instalaciones donostiarras, cuyos responsables se negaron a informar sobre la titulación de sus monitores, no pasan de aceptables.
Al igual que ocurre en casi todos los centros españoles, el informe de Consumer reprueba el deficiente asesoramiento médico que se dispensa a los usuarios. Los gimnasios se limitan a ofrecer un seguro de responsabilidad civil. Sólo uno realiza un examen médico previo al cliente con el fin de conocer su condición física y sólo otro pregunta a los futuros socios sobre su estado de salud y hábitos de vida, como si llevan una vida sedentaria, fuman, toman algún tipo de medicación o bien padecen alguna enfermedad o lesión.