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Veo que para hacer textos gracioso y reirlos cuando se habla de "preplayas" todos tenemos mucho sentido del humor pero cuando nos tocan lo nuestro se va al garete.
Me parto.
comprendo esto...en muchas ocasiones esta gente intenta hacer una critica picantona, sarcastica, para intentar crerse superiores.
Pero en relidad, lo unico que tienen es envidia...
Sinceramente si tan superiores se cren, nose que demonios hacen criticando...
Yo nunca me he reído de los prepalya, (concepto que no acabo de tener muy claro, puesto que si se refiere al aspecto estético, obviamente es una de las razones por las que todos tenemos esta afición y si atañe al novato, todos los hemos sido, por tanto, todos seriamos preplayas), como no me he reído en general de nadie y menos basándome en estereotipos trillados que suelen desenterrarse cuando la envidia y la mala baba rebosan, por eso me toca los cojones que me toquen mi afición al deporte, aunque efectivamente se trate de una mas de mis aficiones, sobre todo cuando uno descubre que el bagaje creativo y cultural de aquellos que intentan auto definirse como intelectuales, no pasa de utilizar unas cuantas sentencias de algún erudito o haber visto, (que no entendido), cuatro películas de las consideradas sesudas, a poder ser subtituladas y en blanco y negro.
Por cierto, tampoco entiendo la separación entre cultura y desarrollo físico. En el romanticismo los poetas era a la vez guerreros y remontándonos mas atrás encontramos esa bonita frase que ya se ha mencionado en este hilo "mens sana in corpore sano", que es toda una declaración de intenciones perfectamente aplicable a la sociedad actual, cuando la obesidad es una de las mayores lacras y la segunda causa de muerte en el mundo desarrollado
Estoy de acuerdo contigo al 100% pero me hace gracia que en un foro donde a poco que busques encuentras cientos de mensajes ridiculizando a grupos de gente com preplayas (sea eso lo que sea) gays (ahora quizás menos pero ha habido épocas...) y otros se arme tanto revuelo porque alguien haga los mismo. Solamente que como esta vez nos toca pues resulta que pica.
A mi me jode, como a ti, que se generalice y que me cataloguen de descerebrado, inculto, chulo o cualquier otra cosa simplemente por ir a un gimnasio y tener un brazo más grande que la mayoría de la gente que se ve por la calle, pero tengo que reconocer que como colectivo nos hemos ganado a pulso esa fama. No yo, ni tú, ni la mayoría de la gente que conozco personalmente y que va a un gimnasio, pero es indudable que hay mucho patán al que le gusta dar la nota y, nos guste o no, los que más ruido hacen, los más visibles son los que dan imagen y los que mas vergüenza dan.
Personalmente este tipo de mensajes generalizando y acusando a los culturistas de estas cosas me afectan cada vez menos porque cada vez me siento más desvinculado de este mundo. Principalmente por falta de puntos comunes con la gente que me voy encontrando. Se que quien me vea me incluira en el grupo del que habla el bloguero ese, pero la verdad es que ya me da igual.
Incluso en este foro donde he encontrado a gran cantidad de usuarios a los que da gusto leer encuentro que son una minoría. No creo tampoco que sea una cuestión de edad, gente muy joven en el foro me parece extraordinariamente válida. No quiero enumerar usuarios porque me quedaría corto, son muchos los que valen la pena, pero repasando los mensajes ves que son una minoría o al menos una mayoría silenciosa.
El problema, como ya digo, es que los que más se dejan ver son los que menos nos interesa que se vean.
El artículo anterior ha levantado ampollas. Se me ha acusado de ridiculizar injustamente a la comunidad vigoréxica por tratarla como un colectivo imbécil en vez de analizar caso por caso. Las generalizaciones nunca son bien recibidas, como puede verse en los comentarios de cualquier artículo de este blog (un ejemplo reciente: cuando escribí sobre los presos de ETA aparecieron multitud de defensores de los "presos políticos sin delitos de sangre"). Desde mi punto de vista, los etarras que no matan son como los vigoréxicos que leen a Flaubert: una anomalía social estadísticamente despreciable.
No obstante, admito que generalizar no está bien y, por tanto, me gustaría disculparme ante todos aquellos varones que pueden saludar moviendo las tetillas sin que ello sea óbice para un pleno disfrute de la bibliografía de Kierkegaard. Asimismo me gustaría disculparme ante quienes consideran que recolectar dinero para comprar balas es una actividad comercial éticamente digna.
Y ya puestos a pedir perdón, también quiero disculparme ante la comunidad gay, por sugerir repetidamente que el sexo anal sólo mola si no eres tú quien pone el culo, y ante los periodistas por sugerir que el periodismo sólo mola si no eres tú quien pone el culo.
Pido perdón asimismo a nuestros líderes políticos y sindicales, por afirmar que sus egos y su ambición superan con creces su capacidad, y a los nacionalistas españoles, vascos, catalanes y gallegos por faltarles al respeto en nueve de cada diez artículos. Admito que el debate de los trapos de colorines es una cuestión delicada en nuestro país y que las preferencias cromáticas son aquí muy pasionales.
Me disculpo también ante los ciudadanos españoles que consideran que gritar en todas partes y limitar su universo cognitivo a los titulares de Marca son rasgos indisolubles de la idiosincrasia nacional. A pesar de que estos individuos hunden las medias de nuestro país en todos los indicadores, es justo decir que ellos ni siquiera lo saben, ya que para leer indicadores hay que leer primero.
También quiero pedir perdón, si les he ofendido, a todos aquellos que profesen creencias místicas: a los católicos, a los adoradores del violento Alá, a los homeópatas y a los portadores de pulseritas mágicas del equilibrio. Cada uno es libre de creer en sus propias mierdas y merece, por tanto, un respeto.
Me disculpo también ante los mojigatos y mojigatas por usar tantas palabrotas, y ante los adalides de la corrección política por usar los vocablos subnormal y joseblanco como sinónimos de idiota.
Espero sinceramente que los hombres y mujeres de fe perdonen, por la presente, mi sistemático desprecio a los mentados colectivos, así como yo les perdono a ellos.
Por los siglos de los siglos.
Amén.