Siempre que voy al gimnasio me pregunto si ese día será el último, si me convendría invertir ese tiempo en otras cosas, si no estaré dejándome llevar por un autoengaño. Y así llevo muchos años.
Hoy por hoy creo que es uno de los frágiles hilos que me atan a la cordura. Me ha curado el insomnio, ha espantado las neurosis, me ha calmado la ansiedad y cuando pienso cuánto tiempo llevo manteniendo la misma disciplina hace que sienta respeto por mí mismo. No es lo único que hace que me respete pero es un punto básico, profundo. Y no tiene nada que ver con lo que veo en el espejo.