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Asesino En Serie
Francia emprende la caza de los miembros de un grupo de 'guerrilleros anti radares'
El FNAR exige dinero y penas de tráfico menos duras para cesar la voladura de los detectores.
FERNANDO I. LIZUNDIA
"Paga o revienta". Este es el mensaje que la Fracción Nacionalista Ejército Revolucionario (FNAR) ha enviado al Gobierno francés. Y lo ha hecho de forma contundente. En seis meses ha volado seis radares de control de velocidad en la región parisina y ha intentado hacerlo con un séptimo, que se salvó debido a un fallo del detonador. Los atacantes, popularmente conocidos como el Frente Nacional Anti Radar, han anunciado que sólo pondrán fin a sus acciones si el Ejecutivo les entrega cierta cantidad de dinero, suaviza las penas por delitos de tráfico y rebaja la presión impositiva.
El FNAR, que hizo públicas sus reivindicaciones el pasado mes de octubre, ha sido tomado muy en serio por el Ministerio del Interior francés. Existe el temor de que la explosión de uno de los artefactos pueda alcanzar a los vehículos que circulen por el tramo en cuestión y provoque un grave accidente.
En la mente de todos los responsables de seguridad está el caso del misterioso grupo AZF que, en 2004 colocó dos bombas en sendos tramos de la vía férrea y alertó de sus ubicación a las fuerzas del orden, que lograron desactivarlas a tiempo.
Nadie supo nunca lo que querían decir aquellas siglas, ni la procedencia del grupo, que también exigía una cantidad de dinero a cambio de cesar sus actividades. En cualquier caso, desapareció a mediados de 2004, tras declarar una tregua unilateral el 24 de marzo, debido a "debilidades tecnológicas, logísticas y otras".
Una parte de la opinión pública francesa llegó a dudar de la autenticidad del grupo. De hecho algunos sectores llegaron a atribuir la paternidad de AZF a las propias autoridades, deseosas de desacreditar a la izquierda más radical en vísperas de una importante cita electoral.
Ya ha habido quien ha relacionado al FNAR con el misterioso AZF. Sin embargo, la movilización de los recursos antiterroristas del Estado para acabar con este grupo parecen indicar lo contrario.
Lo que no ofrece duda es que los padres intelectuales del Frente Nacional Anti Radar se han inspirado en el Capitán Gatso, nombre adoptado por un grupo de activistas británicos, que afirman que ya han destruido 1.000 dispositivos de control de velocidad en el Reino Unido.
Además, el FNAR tampoco tiene la exclusiva de los ataques y destrucción de cabinas de radar. De hecho, desde que comenzaron a instalarse, allá por 2003, se han registrado centenares de ataques contra ellas.
Las agresiones van desde el recubrimiento con pintura de las superficies acristaladas de los radares, hasta la voladura, pasando por el tiroteo o el corte de las líneas de suministro eléctrico.
Esto ha obligado a las autoridades a diseñar cabinas blindadas, capaces de resistir las perdigonadas y a dotarlas de repuestos de cristales blindados, para sustituir los que han sido rotos a martillazos, algo bastante habitual.
El FNAR exige dinero y penas de tráfico menos duras para cesar la voladura de los detectores.
FERNANDO I. LIZUNDIA
"Paga o revienta". Este es el mensaje que la Fracción Nacionalista Ejército Revolucionario (FNAR) ha enviado al Gobierno francés. Y lo ha hecho de forma contundente. En seis meses ha volado seis radares de control de velocidad en la región parisina y ha intentado hacerlo con un séptimo, que se salvó debido a un fallo del detonador. Los atacantes, popularmente conocidos como el Frente Nacional Anti Radar, han anunciado que sólo pondrán fin a sus acciones si el Ejecutivo les entrega cierta cantidad de dinero, suaviza las penas por delitos de tráfico y rebaja la presión impositiva.
El FNAR, que hizo públicas sus reivindicaciones el pasado mes de octubre, ha sido tomado muy en serio por el Ministerio del Interior francés. Existe el temor de que la explosión de uno de los artefactos pueda alcanzar a los vehículos que circulen por el tramo en cuestión y provoque un grave accidente.
En la mente de todos los responsables de seguridad está el caso del misterioso grupo AZF que, en 2004 colocó dos bombas en sendos tramos de la vía férrea y alertó de sus ubicación a las fuerzas del orden, que lograron desactivarlas a tiempo.
Nadie supo nunca lo que querían decir aquellas siglas, ni la procedencia del grupo, que también exigía una cantidad de dinero a cambio de cesar sus actividades. En cualquier caso, desapareció a mediados de 2004, tras declarar una tregua unilateral el 24 de marzo, debido a "debilidades tecnológicas, logísticas y otras".
Una parte de la opinión pública francesa llegó a dudar de la autenticidad del grupo. De hecho algunos sectores llegaron a atribuir la paternidad de AZF a las propias autoridades, deseosas de desacreditar a la izquierda más radical en vísperas de una importante cita electoral.
Ya ha habido quien ha relacionado al FNAR con el misterioso AZF. Sin embargo, la movilización de los recursos antiterroristas del Estado para acabar con este grupo parecen indicar lo contrario.
Lo que no ofrece duda es que los padres intelectuales del Frente Nacional Anti Radar se han inspirado en el Capitán Gatso, nombre adoptado por un grupo de activistas británicos, que afirman que ya han destruido 1.000 dispositivos de control de velocidad en el Reino Unido.
Además, el FNAR tampoco tiene la exclusiva de los ataques y destrucción de cabinas de radar. De hecho, desde que comenzaron a instalarse, allá por 2003, se han registrado centenares de ataques contra ellas.
Las agresiones van desde el recubrimiento con pintura de las superficies acristaladas de los radares, hasta la voladura, pasando por el tiroteo o el corte de las líneas de suministro eléctrico.
Esto ha obligado a las autoridades a diseñar cabinas blindadas, capaces de resistir las perdigonadas y a dotarlas de repuestos de cristales blindados, para sustituir los que han sido rotos a martillazos, algo bastante habitual.