Un poquitin de poesia

No sé lo que he soñado
en la noche pasada.
Triste, muy triste debió ser el sueño,
pues despierto la angustia me duraba.

Noté al incorporarme
húmeda la almohada,
y por primera vez sentí al notarlo
de un amargo placer henchirse el alma.

Triste cosa es el sueño
que llanto nos arranca,
mas tengo en mi tristeza una alegría...
¡Sé que aún me quedan lágrimas!
 
Allá va,

Con diez cañones por banda,
viento en popa, a toda vela,
no corta el mar, sino vuela
un velero bergantín.
Bajel pirata que llaman,
por su bravura, el Temido,
en todo mar conocido
del uno al otro confín.

La luna en el mar rïela,
en la lona gime el viento,
y alza en blando movimiento
olas de plata y azul;
y ve el capitán pirata,
cantando alegre en la popa,
Asia a un lado, al otro Europa,
y allá a su frente Stambul:

«Navega, velero mío,
sin temor,
que ni enemigo navío
ni tormenta, ni bonanza
tu rumbo a torcer alcanza,
ni a sujetar tu valor.

Veinte presas
hemos hecho
a despecho
del inglés,
y han rendido
sus pendones
cien naciones
a mis pies.

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.

Allá muevan feroz guerra
ciegos reyes
por un palmo más de tierra;
que yo tengo aquí por mío
cuanto abarca el mar bravío,
a quien nadie impuso leyes

Y no hay playa,
sea cualquiera,
ni bandera

de esplendor,
que no sienta
mi derecho
y dé pecho
a mi valor.

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.

A la voz de «¡barco viene!»
es de ver
cómo vira y se previene
a todo trapo a escapar;
que yo soy el rey del mar,
y mi furia es de temer.

En las presas
yo divido
lo cogido
por igual;
sólo quiero
por riqueza
la belleza
sin rival
Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.

¡Sentenciado estoy a muerte!
Yo me río;
no me abandone la suerte,
y al mismo que me condena,
colgaré de alguna entena,
quizá en su propio navío.

Y si caigo,
¿qué es la vida?
Por perdida
ya la di,
cuando el yugo
del esclavo,
como un bravo,
sacudí.

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,

mi única patria, la mar.

Son mi música mejor
aquilones,
el estrépito y temblor
de los cables sacudidos,
del negro mar los bramidos
y el rugir de mis cañones.

Y del trueno
al son violento,
y del viento
al rebramar,
yo me duermo
sosegado,
arrullado
por el mar.

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.»

 
Solo un dia basta para cambiar
para bien o simplemente mejorar
que mas da
si es mas simple que la propia realidad
la cuestion es solo empezar
si es verdad merecera la pena dejar la incertidumbre atras
bueno este es un dia mas
pero el trata de que solo sea el principio de un final
el ya solo sucumbe ante su propia incertidumbre
si solo se trata de avanzar
no basta con mirar atras y vuelta a empezar
se siente la dejadez al comenzar
otra vez mas tiene tiene que sobrellevar a su pesar
no se que paso
pero en el camino algo en el cambio
se volvio del monton
algo menos que una pequeña devocion
se conformo con ser parte del guion
poco a poco el pozo de la mediocridad de el se apodero
ya la accion no era su devocion
solo miraba a traves de su interior
bastante es ser su propio mentor
culpable o no ya era dueño de su maldicion
despues de todo no termino
la pequeña llama de su interior se apago
el temor a el siempre le golpeo
pero en su interior una nueva fuerza surgio
se oculto tras su propia vision
abrio sus alas y a la guerra por ultima vez se lanzo
a fin de cuentas es la unica opccion que le quedo
y para lo que el volvio
tenia una cuenta pendiente con su propio yo
mostro la direccion de su propia decicion
y esa llama por fin de sus cenizas resurgio.


la he hecho yo, en unos de estos dias melancolicos en los que te sientes inspirado xD
 
Romanticismo argentino:
(Fragmento de Santos Vega: atardecer en la pampa)


El sol se oculta: inflamado

el horizonte fulgura,

y se extiende en la llanura

ligero estambre dorado.

Sopla el viento sosegado

y del inmenso circuito

no llega al alma otro grito

ni al corazón otro arrullo,

que un monótono nurmullo,

que es la voz de lo infinito.

Allto guiso tengo en plan este mismo mediodia

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Asado, y sobra carne para quien guste
 
SANTOS VEGA
I
EL ALMA DEL PAYADOR


Cuando la tarde se inclina

sollozando al occidente,

corre una sombra doliente

sobre la pampa argentina.

Y cuando el sol ilumina

con luz brillante y serena

del ancho campo la escena,

la melancólica sombra

huye besando su alfombra

con el afán de la pena.

Cuentan los criollos del suelo

que, en tibia noche de luna,

en solitaria laguna

para la sombra su vuelo;

que allí se ensancha, y un velo

va sobre el agua formando,

mientras se goza escuchando

por singular beneficio,

el incesante bullicio

que hacen las olas rodando.



Dicen que, en noche nublada,

si su guitarra algún mozo

en el crucero del pozo

deja de intento colgada,

llega la sombra callada

y, al envolverla en su manto,

suena el preludio de un canto

entre las cuerdas dormidas,

cuerdas que vibran heridas

como por gotas de llanto.



Cuentan que, en noche de aquéllas

en que la Pampa se abisma

en la extensión de sí misma

sin su corona de estrellas,

sobre las lomas más bellas,

donde hay más trébol risueño,

luce una antorcha sin dueño

entre una niebla indecisa,

para que temple la brisa

las blandas alas del sueño.



Mas, si trocado el desmayo

en tempestad de su seno;

estalla el cóncavo trueno,

que es la palabra del rayo,

hiere al ombú de soslayo

rojiza sierpe de llamas,

que, calcinando sus ramas,

serpea, corre y asciende,

y en la alta copa desprende

brillante lluvia de escamas.



Cuando, en las siestas de estío,

las brillazones remedan

vastos oleajes que ruedan

sobre fantástico río,

mudo, abismado y sombrío,

baja un jinete la falda

tinta de bella esmeralda,

llega a las márgenes solas...

¡y hunde su potro en las olas,

con la guitarra a la espalda!



Si entonces cruza a lo lejos,

galopando sobre el llano

solitario, algún paisano,

viendo al otro en los reflejos

de aquel abismo de espejos,

siente indecibles quebrantos,

y, alzando en vez de sus cantos

una oración de ternura,

al persignarse murmura:

"-¡El alma del viejo Santos!"



Yo, que en la tierra he nacido

donde ese genio ha cantado,

y el pampero he respirado

que a payador ha nutrido,

beso este suelo querido

que a mis caricias se entrega,

mientras de orgullo me anega

la convicción de que es mía

¡la patria de Echeverría,

la tierra de Santos Vega!




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II
LA PRENDA DEL PAYADOR


El sol se oculta: inflamado

el horizonte fulgura,

y se extiende en la llanura

ligero estambre dorado.

Sopla el viento sosegado

y del inmenso circuito

no llega al alma otro grito

ni al corazón otro arrullo,

que un monótono nurmullo,

que es la voz de lo infinito.



Santos Vega cruza el llano,

alta el ala del sombrero,

levantada del pampero

al impulso soberano.

Viste poncho americano,

suelto en ondas de su cuello

y chispeando en su cabello

y en el bronce de su frente,

Ios cincela el sol poniente

con el último destello.



¿Dónde va? Vese distante

de un ombú la copa erguida,

como espiando la partida

de la luz agonizante.

Bajo la sombra gigante

de aquel árbol bienhechor,

su techo, que es un primor

de reluciente totora,

alza el rancho donde mora

la prenda del payador.



Ella, en el tronco sentada

meditabunda le espera,

y en su negra cabellera

hunde la mano rosada.

Le ve venir: su mirada,

más que la tarde, serena,

se cierra entonces sin pena,

porque es todo su embeleso

que él la despierte de un beso

dado en su frente morena.



No bien llega, el labio amado

toca la frente querida,

y vuela un soplo de vida

por el ramaje callado...

Un ¡ay! apenas lanzado,

como susurro de palma

gira en la atmósfera en calma;

y ella, fingiéndole enojos,

alza a su dueño unos ojos

que son dos besos del alma.



Cerró la noche. Un momento

quedó la Pampa en reposo,

cuando un rasgueo armonioso

pobló de notas el viento.

Luego, en el dulce instrumento

vibro una endecha de amor,

y, en el hombro del cantor,

llena de amante tristeza,

ella dobló la cabeza

para escucharlo mejor.



"Yo soy la nube lejana

(Vega en su canto decía)

que con la noche sombría

huye al venir la mañana;

soy la luz que en tu ventana

filtra en manojos la luna;

la que de niña, en la cuna,

abrió tus ojos risueños;

la que dibuja tus sueños

en la desierta laguna.



"Yo soy la música vaga

que en los confines se escucha.

esa armonía que lucha

con el silencio, y se apaga;

el aire tibio que halaga

con su incesante volar,

que del ombú, vacilar

hace la copa bizarra,

¡y la doliente guitarra

que suele hacerte llorar!"...



Leve rumor de un gemido,

de una caricia llorosa,

hendió la sombra medrosa,

crujió en el árbol dormido.

Después, el ronco estallido

de rotas cuerdas se oyó;

un remolino pasó

batiendo el rancho cercano;

y en el circuito del llano

todo en silencio quedó.



Luego, inflamando el vacío,

se levantó la alborada,

con esa blanca mirada

que hace chispear el rocío.

Y cuando el sol en el río

vertió su lumbre primera,

se vio una sombra ligera

en occidente ocultarse,

y el alto ombú balancearse

sobre una antigua tapera.




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III
EL HIMNO DEL PAYADOR


En pos del alba azulada,

ya por los campos rutila

del sol la grande, tranquila

y victoriosa mirada.

Sobre la curva lomada

que asalta el cardo bravío,

y allá en el bajo sombrío

donde el arroyo serpea,

de cada hierba gotea

la viva luz del rocío.



De los opuestos confines

de la Pampa, uno tras otro,

sobre el indómito potro

que vuelca y bate las crines,

abandonando fortines,

estancias, rancho, mujer,

vienen mil gauchos a ver

si en otro pago distante,

hay quien se ponga delante

cuando se grita: -¡A vencer!



Sobre el inmenso escenario

vanse formando en dos alas,

y el sol reluce en las galas

de cada bando contrario;

puéblase el aire del vario

rumor que en torno desata

la brllante cabalgata

que hace sonar, de luz llenas,

las espuelas nazarenas

y las virolas de plata.



De entre ellos el más anciano

divide el campo después,

señalando de través

larga huella por el llano;

y alzando luego en su mano

una pelota de cuero

con dos manijas, certero

la arroja al aire, gritando:

"-¡Vuela el pato!... ¡Va buscando

un valiente verdadero!"



Y cada bando a correr

suelta el potro vigoroso,

y aquel sale victorioso

que logra asirlo al caer.

Pueto el que supo vencer

en medio, la turba calla,

y a ambos lados de la valla

de nuevo parten el llano,

esperando del anciano

la alta señal de batalla.



Dala al fin. Hondo clamor

ronco truena en el circuito

y el caballo salta al grito

de su impávido señor;

y vencido y vencedor,

del noble triunfo sedientos,

se atropellan turbulentos

en largas filas cerradas,

cual dos olas encrespadas

que azotan contrarios vientos.



Alza en alto la presea

su feliz conquistador,

y su bando en derredor

le defiende y clamorea.

Uno y otro aguijonea

el ágil bruto, y chocando

entre sí, corren dejando

por los inciertos caminos,

polvorosos remolinos

sobre las pampas rodando.



Vuela el símbolo del juego

por el campo arrebatado,

de los unos conquistado,

de los otros presa luego;

vense, entre hálitos de fuego,

varios jinetes rodar,

otros súbito avanzar

pisoteando los caídos;

y en el aire sacudidos,

rojos ponchos ondear.



Huyen en tanto, azoradas,

de las lagunas vecinas,

como vivientes neblinas,

estrepitosas bandadas;

las grandes plumas cansadas

tiende el chajá corpulento;

y con veloz movimiento

y con silbido de balas,

bate el carancho las alas

hiriendo a hachazos el viento.



Con fuerte brazo les quita

robusto joven la prenda,

y tendido, a toda rienda:

"-¡Yo solo me basto!" grita.

En pos de él se precipita,

y tierra y cielos asorda,

lanzada a escape la horda

tras el audaz desafío

con la pujanza de un río

que anchuroso se desborda.



Y allá van, todos unidos,

y él los azuza y provoca,

golpeándose la boca,

con salvajes alaridos.

Danle caza, y confundidos,

todos el cuerpo inclinado

sobre el arzón del recado,

temen que el triunfo les roben,

cuando, volviéndose, el joven

echa al tropel su tostado...



El sol ya la hermosa frente

abatía, y silencioso,

su abanico luminoso

desplegaba en occidente,

cuando un grito de repente

lleno el campo, y al clamor

cesó la lucha, en honor

de un solo nombre bendito,

que aquel grito era este grito:

"¡Santos Vega, el payador!"



Mudos ante él se volvieron,

y, ya la rienda sujeta,

en derredor del poeta

un vasto círculo hicieron.

Todos el alma pusieron

en los atentos oídos,

porque los labios queridos

de Santos Vega cantaban

y en su guitarra zumbaban

estos vibrantes sonidos:



"-¡Los que tengan corazón,

los que el alma libre tengan,

los valientes, ésos vengan

a escuchar esta canción!

Nuestro dueño es la nación

que en el mar vence la ola,

que en los montes reina sola.

que en los campos nos domina,

y que en la tierra argentina

clavó la enseña española.



"Hoy mi guitarra, en los llanos,

cuerda por cuerda, así vibre:

¡hasta el chimango es más libre

en nuestra tierra, paisanos!

Mujeres, niños, ancianos,

el rancho aquel que primero

llenó con solo un ¡te quiero!

la dulce prenda querida,

¡todo!... ¡el amor y la vida,

es de un monarca extranjero!



"Ya Buenos Aires, que encierra

como las nubes, el rayo,

el Veinticinco de Mayo

clamó de súbito: "¡Guerra!"

¡Hijos del llano y la sierra,

pueblo argentino! ¿Qué haremos?

¿Menos valientes seremos

que los que lihres se aclalnan?

¡De Buenos Aires nos llaman,

a Buenos Aires volemos!



"¡Ah! ¡Si es mi voz impotente

para arrojar, con vosotros,

nuestra lanza y nuestros potros

por el vasto continente;

si jamás independiente

veo el suelo en que he cantado,

no me entierren en sagrado

donde una cruz me recuerde:

entiérrenme en campo verde,

donde me pise el ganado!"



Cuando cesó esta armonía,

que los conmueve y asombra

era ya Vega una sombra

que allá en la noche se hundía...

¡Patria! a sus almas decía

el cielo, de astros cubierto,

¡Patria! el sonoro concierto

de las lagunas de plata,

¡Patria! la trémula mata

del pajonal del desierto.



Y a Buenos Aires volaron,

y el himno audaz repitieron,

cuando a Belgrano siguieron,

cuando con Güemes lucharon,

cuando por fin se lanzaron

tras el Andes colosal,

hasta aquel día inmortal

en que un grande americano

batió al sol ecuatoriano

nuestra enseña nacional.




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IV
LA MUERTE DEL PAYADOR


Bajo el ombú corpulento,

de las tórtolas amado,

porque su nido han labrado

allí al amparo del viento;

en el amplísimo asiento

que la raíz desparrama,

donde en las siestas la llama

de nuestro sol no se allega,

dormido está Santos Vega,

aquél de la larga fama.



En los ramajes vecinos

ha colgado, silenciosa,

la guitarra melodiosa

de los cantos argentinos.

Al pasar, los campesinos

ante Vega, se detienen;

en silencio se convienen

a guardarle allí dormido

y hacen señas no hagan ruido

los que están a los que vienen.



El más viejo se adelanta

del grupo inmóvil, y llega

a palpar a Santos Vega,

moviendo apenas la planta.

Una morocha que encanta

por su aire suelto y travieso,

causa eléctrico embeleso

porque, gentil y hizarra,

se aproxima a la guitarra

y en las cuerdas pone un beso.



Turba entonces el sagrado

silencio que a Vega cerca,

un jinete que se acerca

a la carrera lanzado;

retumba el desierto hollado

por el casco volador;

y aunque el grupo, en su estupor,

contenerlo pretendía

llega, salta, lo desvía

y sacude al payador.



No bien el rostro sombrío

de aquel hombre mudos vieron,

horrorizados sintieron

temblar las carnes de frío.

Miró en torno con bravío

y desenvuelto ademán,

y dijo: "Entre los que están

no tengo ningún amigo,

pero, al fin para testigo

lo mismo es Pedro que Juan.



Alzó Vega la alta frente,

y le contempló un instante,

enseñando en el semblante

cierto hastío indiferente.

"-Por fin, dijo: -fríamente

el recién llegado, estamos

juntos los dos, y encontramos

la ocasión, que éstos provocan,

de saber cómo se chocan

las canciones que cantamos".



Así diciendo, enseñó

una guitarra en sus manos.

y en los raigones cercanos

preludiando se sentó.

Vega entonces sonrió,

y al volverse al instrumento,

la morocha hasta su asiento

ya su guitarra traía,

con un gesto que decía:



"-La he besado hace un momento".

Juan Sin Ropa (se llamaba

Juan Sin Ropa el forastero)

comenzó por un ligero

dulce acorde que encantaba.

Y con voz que modulaba

blandamente los sonidos,

cantó tristes nunca oídos,

cantó cielos no escuchados,

que llevaban, derramados,

la embriaguez a los sentidos.



Santos Vega oyó suspenso

al cantor; y toda inquieta,

sintió su alma de poeta

como un aleteo inmenso.

Luego, en un preludio intenso,

hirió las cuerdas sonoras,

y cantó de las auroras

y las tardes pampeanas,

endechas americanas

más dulces que aquellas horas.



Al dar Vega fin al canto,

ya una triste noche oscura

desplegaba en la llanura

las tinieblas de su manto.

Juan Sin Ropa se alzó en tanto,

bajo el árbol se empinó,

un verde gajo tocó,

y tembló la muchedumbre,

porque, echando roja lumbre,

aquel gajo se inflamó.



Chispearon sus miradas,

y torciendo el talle esbelto,

fue a sentarse, medio envuelto

por las rojas llamaradas.

¡Oh, qué voces levantadas

las que entonces se escucharon!

¡Cuantos ecos despertaron

en la Pampa misteriosa,

a esa música grandiosa

que los vientos se llevaron!



Era aquélla esa canción

que en el alma sólo vibra.

modulada en cada fibra

secreta del corazón;

el orgullo, la ambición,

los más íntimos anhelos,

los desmayos y los vuelos

del espíritu genial,

que va, en pos del ideal,

Como el cóndor a los cielos.



Era el grito poderoso

del progreso, dado al viento;

el solemne llamamiento

al combate más glorioso.

Era, en medio del reposo

de la Pampa ayer dormida,

la visión ennoblecida

del trabajo, antes no honrado;

la promesa del arado

que ahre cauces a la vida.



Como en mágico espejismo.

al compás de ese concierto.

mil ciudades el desierto

levantaba de sí mismo.

Y a la par que en el abismo

una edad se desmorona,

al conjuro, en la ancha zona

derramábase la Europa,

que sin duda Juan Sin Ropa

era la ciencia en persona.



Oyó Vega embebecido

aquel himno prodigioso,

e inclinando el rostro hermoso,

dijo: "-Sé que me has vencido"

El semblante humedecido

por nobles gotas de llanto,

volvió a la joven, su encanto,

y en los ojos de su amada

clavó una larga mirada,

y entonó su postrer canto:



"-Adiós, luz del alma mía,

adiós, flor de mis llanuras,

manantial de las dulzuras

que mi espíritu bebia;

adiós, mi única alegría,

dulce afán de mi existir;

Santos Vega se va a hundir

en lo inmenso de esos llanos...

¡Lo han vencido! ¡Llegó, hermanos,

el momento de morir!"



Aún sus lágrimas cayeron

en la guitarra, copiosas,

y las cuerdas temblorosas

a cada gota gimieron;

pero súbito cundieron

del gajo ardiente las llamas,

trocado entre las ramas

en serpiente, Juan sin Ropa,

arrojó de la alta copa

brillante lluvia de escamas.



Ni aún cenizas en el suelo

de Santos Vega quedaron,

y Ios años dispersaron

los testigos de aquel duelo;

pero un viejo y noble abuelo,

así el cuento terminó

si cantando murió

aquel que vivió cantando,

fue, decía suspirando,

porque el diablo lo venció".


--------------------------------------------------------------------------------

Fin de "El Santos Vega"

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Esta se puede encontrar en youtube, recitada como "por qué canto así" o "la cumparsita" por Julio Sosa
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La letra dice:

Por qué canto así

Pido permiso señores, que este tango...
este tango habla por mí
Y mi voz entre sus sones dirá...
dirá por qué canto así.

Porque cuando pibe me acunaba en tangos
la canción materna pa' llamar el sueño,
y escuché el rezongo de los bandoneones
bajo el emparrado de mi patio viejo.
Porque vi el desfile de las inclemencias
con mis pobres ojos llorosos y abiertos,
y en la triste pieza de mis buenos viejos
cantó la pobreza su canción de invierno...

Y yo me hice en tangos,
me fui modelando en barro, en miseria,
en las amarguras que da la pobreza,
en llantos de madre,
en la rebeldía del que es fuerte
y tiene que cruzar los brazos
cuando el hambre viene...
Y yo me hice en tangos porque...
¡porque el tango es macho!
porque el tango es fuerte,
tiene olor a vida, tiene gusto... a muerte...

Porque quise mucho, y porque me engañaron,
y pasé la vida masticando sueños...
Porque soy un árbol que nunca dio frutos,
porque soy un perro que no tiene dueño...
Porque tengo odios que nunca los digo,
porque cuando quiero...
porque cuando me desangro en besos...
Porque quise mucho y no me han querido...
¡Por eso canto, tan triste, por eso!

Letra: Celedonio Esteban Flores

(la versión por Sosa, está óptima para oir cuando uno carga peso)
 
Cuando, en las siestas de estío,

las brillazones remedan

vastos oleajes que ruedan

sobre fantástico río,

mudo, abismado y sombrío,

baja un jinete la falda

tinta de bella esmeralda,

llega a las márgenes solas...

¡y hunde su potro en las olas,
con la guitarra a la espalda!



Si entonces cruza a lo lejos,

galopando sobre el llano

solitario, algún paisano,

viendo al otro en los reflejos

de aquel abismo de espejos,

siente indecibles quebrantos,

y, alzando en vez de sus cantos

una oración de ternura,

al persignarse murmura:

"-¡El alma del viejo Santos!"

Aquí, es durante el verano, cuando el verde de la pampa literalmente se "come" a la gente a lo lejos.

La vista del hombre llega a un radio de 10 km, que es hasta donde le permite ver la circunferencia de la Tierra.

Eso lo saben los marinos... y los marinos que llegaban a la Pampa, la comparaban a un oceáno verde.
Lo cierto es que, la pampa en la soledad es un espectáculo impresionante, desde ese aroma perfumado que alimenta por sí mismo, hasta la lluvia de estrellas durante la noche.


PD: Y en ese infinito, cuando en las tormentas relampaguea y truena, parece que habla la misma voz de Dios.
 
Última edición:
Esta se puede encontrar en youtube, recitada como "por qué canto así" o "la cumparsita" por Julio Sosa
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La letra dice:

Por qué canto así

Pido permiso señores, que este tango...
este tango habla por mí
Y mi voz entre sus sones dirá...
dirá por qué canto así.

Porque cuando pibe me acunaba en tangos
la canción materna pa' llamar el sueño,
y escuché el rezongo de los bandoneones
bajo el emparrado de mi patio viejo.
Porque vi el desfile de las inclemencias
con mis pobres ojos llorosos y abiertos,
y en la triste pieza de mis buenos viejos
cantó la pobreza su canción de invierno...

Y yo me hice en tangos,
me fui modelando en barro, en miseria,
en las amarguras que da la pobreza,
en llantos de madre,
en la rebeldía del que es fuerte
y tiene que cruzar los brazos
cuando el hambre viene...
Y yo me hice en tangos porque...
¡porque el tango es macho!
porque el tango es fuerte,
tiene olor a vida, tiene gusto... a muerte...

Porque quise mucho, y porque me engañaron,
y pasé la vida masticando sueños...
Porque soy un árbol que nunca dio frutos,
porque soy un perro que no tiene dueño...
Porque tengo odios que nunca los digo,
porque cuando quiero...
porque cuando me desangro en besos...
Porque quise mucho y no me han querido...
¡Por eso canto, tan triste, por eso!

Letra: Celedonio Esteban Flores

(la versión por Sosa, está óptima para oir cuando uno carga peso)

Del capo Julio Sosa me gusta "Justo el 31" uno de los tangos más alegres que escuché (sin contar a los inicios de los tangos porteños)
Fue después de la década del 40 cuando se empezaron a volver amargos, antes eran alegres y bravitos jajaj.
 
Última edición:
Aquí está:


El varon del tango rioplatense.
XD
Uruguayo y argentino, es un temazo el "Justo el 31" de la época de las últimas inmigraciones masivas de Europa a estos lares.


(Edito del post anterior a este):

Hace cinco días,
loco de contento
vivo en movimiento
como un carrusel...
Ella que pensaba
amurarme el uno,
justo el treinta y uno
yo la madrugué...
Me contó un vecino,
que la inglesa loca,
cuando vio la pieza
sin un alfiler,
se morfó la soga
de colgar la ropa
(que fue en el apuro,
lo que me olvidé...).

Si ahorca no me paga
las que yo pasé.
Era un mono loco
que encontré en un árbol
una noche de hambre
que me vio pasar.
me tiró un coquito...
¡yo que soy chicato...
me ensarté al oscuro
y la llevé al bulín!...
Sé que entré a la pieza
y encendí la vela,
sé que me di vuelta
para verla bien...
Era tan fulera,
que la vi, di un grito,
lo demás fue un sueño...
¡Yo, me desmayé!

La aguanté de pena
casi cuatro meses,
entre la cachada
de todo el café...
Le tiraban nueces,
mientras me gritaban:
"¡Ahí va Sarrasani
con el chimpancé"!...
Gracias a que el "Zurdo",
que es tipo derecho,
le regó el helecho
cuando se iba a alzar;
y la redoblona
de amurarme el uno
¡justo el treinta y uno
se la fui a cortar!
 
Última edición:
NO TE DETENGAS
No dejes que termine el día sin haber crecido un poco,
sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños.
No te dejes vencer por el desaliento.
No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte,
que es casi un deber.
No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario.
No dejes de creer que las palabras y las poesías
sí pueden cambiar el mundo.
Pase lo que pase nuestra esencia está intacta.
Somos seres llenos de pasión.
La vida es desierto y oasis.
Nos derriba, nos lastima,
nos enseña,
nos convierte en protagonistas
de nuestra propia historia.
Aunque el viento sople en contra,
la poderosa obra continúa:
Tu puedes aportar una estrofa.
No dejes nunca de soñar,
porque en sueños es libre el hombre.
No caigas en el peor de los errores:
el silencio.
La mayoría vive en un silencio espantoso.
No te resignes.
Huye.
"Emito mis alaridos por los techos de este mundo",
dice el poeta.
Valora la belleza de las cosas simples.
Se puede hacer bella poesía sobre pequeñas cosas,
pero no podemos remar en contra de nosotros mismos.
Eso transforma la vida en un infierno.
Disfruta del pánico que te provoca
tener la vida por delante.
Vívela intensamente,
sin mediocridad.
Piensa que en ti está el futuro
y encara la tarea con orgullo y sin miedo.
Aprende de quienes puedan enseñarte.
Las experiencias de quienes nos precedieron
de nuestros "poetas muertos",
te ayudan a caminar por la vida
La sociedad de hoy somos nosotros:
Los "poetas vivos".
No permitas que la vida te pase a ti sin que la vivas ...​
 
Mi táctica es
mirarte
aprender como eres
quererte como eres

mi táctica es
hablarte
y escucharte
construir con palabras
un puente indestructible

mi táctica es
quedarme en tu recuerdo
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
pero quedarme en ti...

mi táctica es
ser franca
y saber que eres franco
y que no nos vendamos
simulacros
para que entre los dos
no haya telón
ni abismos

mi estrategia es
en cambio
más profunda y más
simple

mi estrategia es
que un día cualquiera
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
por fin me necesites
Como yo te necesito a ti.




"IDEARIO"
Me da vértigo el punto muerto
y la marcha atrás,
vivir en los atascos,
los frenos automáticos y el olor a gasoil.
Me angustia el cruce de miradas
la doble dirección de las palabras
y el obsceno guiñar de los semáforos.

Me da pena la vida, los cambios de sentido,
las señales de stop y los pasos perdidos.
Me agobian las medianas,
las frases que están hechas,
los que nunca saludan y los malos profetas.

Me fatigan los dioses bajados del Olimpo
a conquistar la Tierra
y los necios de espíritu.

Me entristecen quienes me venden kleanex
en los pasos de cebra,
los que enferman de cáncer
y los que sólo son simples marionetas.

Me aplasta la hermosura
de los cuerpos perfectos,
las sirenas que ululan en las noches de fiesta,
los códigos de barras,
el baile de etiquetas.

Me arruinan las prisas y las faltas de estilo,
el paso obligatorio, las tardes de domingo
y hasta la línea recta.

Me enervan los que no tienen dudas
y aquellos que se aferran
a sus ideales sobre los de cualquiera.

Me cansa tanto tráfico
y tanto sinsentido,
parado frente al mar mientras que el mundo gira

Francisco M. Ortega Palomares "Ideario"
 
"Al contacto del amor, todo el mundo se vuelve poeta".
-Platón-

"la Historia cuenta lo que sucedió; la poesía lo que debía suceder"
-Aristóteles-
 
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Te espero cuando la noche se haga día,
suspiros de esperanzas ya perdidas.
No creo que vengas,
lo sé, sé que no vendrás.

Sé que la distancia te hiere,
sé que las noches son más frías,
sé que ya no estás.

Creo saber todo de ti.
Sé que el día de pronto se te hace noche:
sé que sueñas con mi amor,
pero no lo dices,
sé que soy un idiota al esperarte,
pues sé que no vendrás.

Te espero cuando miremos al cielo de noche:
tu allá,
yo aquí,
añorando aquellos días
en los que un beso marcó la despedida,
quizás por el resto de nuestras vidas.

Es triste hablar así.
Cuando el día se me hace de noche,
y la luna oculta ese sol tan radiante,
me siento sólo, lo sé;
nunca supe de nada tanto en mi vida,
solo sé que me encuentro muy sólo,
y que no estoy allí.

Mis disculpas por sentir así,
nunca mi intención ha sido ofenderte.
Nunca soñé con quererte,
ni con sentirme así.

Mi aire se acaba como agua en el desierto,
mi vida se acorta pues no te llevo dentro.
Mi esperanza de vivir eres tu,
y no estoy allí.
¿Por qué no estoy allí?,
te preguntarás...
¿Por qué no he tomado ese bus que me llevaría a ti?
Porque el mundo que llevo aquí no me permite estar allí,
porque todas las noches me torturo pensando en ti.
¿Por qué no sólo me olvido de ti?
¿Por qué no vivo sólo así?
¿Por qué no sólo...?
 
Al final de todo, cuando se toca el corazón de cada uno de nosotros, sin derecho alguno, a los argentinos nos gustan la canción de las armas.





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Última edición:
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La rapidez siempre fue nuestro poder. Y las distancias a lo largo del continente NUNCA fueron una separación.

Los mismos gauchos llevaban consigo varios caballos galopando sin parar, por pura costumbre... Y así recorrían tremendas distancias, del orden de los mil kilometros en apenas tres días.
 
no puedo meter todos los videos en un sol post. Puta mare, como dice mi compañero de laburo español.
 
Transribo un material que me llegó:

El 6 de diciembre de 1872 se publicó la primera edición del clásico poema gauchesco Martin Fierro de José Hernández.
Es por esto que en Argentina se celebra el "Día del Gaucho".

Como todos recordarán, el famoso comienzo del poema dice:

"Aquí me pongo a cantar,
al compás de la vigüela
que al hombre que lo desvela
una pena estrordinaria,
como la ave solitaria
con el cantar se consuela."

Un clásico inolvidable.

Recuerden que "El Gaucho Martín Fierro" es uno de nuestros eBooks gratis permanentes > This URL has been removed!
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El libro (1a parte) termina cuando Martín Fierro y Cruz dejan la civilización cristiana y se van a los toldos de los indios.

".. echó un trago como un cielo y de un golpe al estrumento lo hizo trizas contra el suelo
Ruempo, dijo, la guitarra, pa no volverme a tentar, ninguno lai de tocar, por siguro tengaló, pues naides hai de cantar ande este gaucho cantó"
 
La que sigue está inspirada en la guerra civil española, sin embargo tiene um profundo contenido que la trasciende: la dignidade del hombre, la condición de sentirse dueño de su opinión y de su actitud.
No la traigo a colación para polemizar sobre la situación histórica concreta, sino para rendir homenaje a la dignidade humana, de no tocar la gaita en uma fiesta que le resulta repugnante, aunque baile hasta el obispo

Salud, por siempre, Domingo Ferreiro:



Toca la gaita Domingo Ferreiro

toca la gaita... «¡Non queiro, non queiro!»

Porque están llenas de sangre las rías,

porque no quiero, no quiero, no quiero.

Y se secaron los ramos floridos

que ella traía en la falda del viento,

que ella traía a su novio soldado

o pescador, labrador, marinero.

Sobre Galicia ha caído la peste,

ay, los oscuros sargentos vinieron.

Están colgando en los pinos los hombres,

toca la gaita, no quiero, no quiero.

Nuestros hermanos que están allá abajo

pronto vendrán a vengar a los muertos,

pronto vendrán en mitad del verano,

pronto vendrán en mitad del invierno.

El que no ha muerto andará por el monte

y en las aldeas cayeron los buenos.

Ay, que no vayan los lobos al monte,

toca la gaita, no quiero, no quiero.

Ya llegarán las valientes milicias

para acabar con la hez del desierto.

Ya llegarán en mitad de la Historia,

ya llegarán en mitad de los tiempos.

Toca la gaita... ¡que baile el obispo!

Toca la gaita, no quiero, no quiero.

Porque no es hora de fiesta en España,

porque no quiero, no quiero, no quiero.

Ya llegarán los soldados leales

para acabar con los pájaros negros,

ya llegarán en mitad de la Biblia,

ya llegarán en mitad de los muertos.

Toca la gaita. ¡Que baile la víbora!

Toca la gaita, no quiero, no quiero.

Porque la gaita no quiere que toque.

Porque se ha muerto Domingo Ferreiro.
 
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