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Morosini, jugador de la Segunda División italiana, fallece tras desplomarse en pleno partido
El centrocampista italiano del Livorno Piermario Morosini, de 25 años, se ha convertido en la última víctima de la lista de jugadores que han perdido la vida mientras disputaban un partido o se entrenaban, en su caso, debido a un problema cardíaco. Morosini falleció tras desplomarse por una crisis cardíaca en pleno partido de la Segunda División (Serie B) de la Liga de Italia.
La relación de los principales casos de futbolistas muertos en el campo de juego cuando disputaban un partido o se entrenaban -o transcurridas varias horas- a consecuencia de alguna enfermedad desde es muy amplia.
Por norma general, el fallecimiento de estos futbolistas vino provocado por un fallo cardíaco o un derrame cerebral. Sin embargo, en la década de los noventa se dio el caso de Shamo Quaye, bronce en los Juegos Olímpicos de Barcelona, quien falleció en Ghana tras recibir un golpe en la cara con un balón de fútbol.
En septiembre de 2002, el jugador chipriota Michalis Michael fallecia durante un partido en Nicosia cuando corría para atender al portero de su equipo, lesionado.
En 2004 la muerte instantánea de Miklos Feher, jugador del Benfica, hacía llorar al por entonces entrenador del club portugués José Antonio Camacho.
El mundo del fútbol empezó a ser sacudido gravemente a partir de 2003, fecha en la que el centrocampista camerunés del Manchester City Marc Vivien Foe fallecía en las semifinales de la Copa de Confederaciones que se disputaba en Lyon. Samuel Eto'o, compañero de Foe, sufrió la pérdida de su amigo estando en el Mallorca.
En agosto de 2007 una de las jóvenes promesas del fútbol español, Antonio Puerta, fallecía dos días después de desvanecerse sobre el terreno de juego a la media hora del partido entre Sevilla y Getafe. Su muerte fue recordada dos años después cuando otro futbolista de Primera División, Dani Jarque (Espanyol) fallecía de un infarto a los 26 años cuando hablaba por teléfono en la habitación de su hotel de
El centrocampista italiano del Livorno Piermario Morosini, de 25 años, se ha convertido en la última víctima de la lista de jugadores que han perdido la vida mientras disputaban un partido o se entrenaban, en su caso, debido a un problema cardíaco. Morosini falleció tras desplomarse por una crisis cardíaca en pleno partido de la Segunda División (Serie B) de la Liga de Italia.
La relación de los principales casos de futbolistas muertos en el campo de juego cuando disputaban un partido o se entrenaban -o transcurridas varias horas- a consecuencia de alguna enfermedad desde es muy amplia.
Por norma general, el fallecimiento de estos futbolistas vino provocado por un fallo cardíaco o un derrame cerebral. Sin embargo, en la década de los noventa se dio el caso de Shamo Quaye, bronce en los Juegos Olímpicos de Barcelona, quien falleció en Ghana tras recibir un golpe en la cara con un balón de fútbol.
En septiembre de 2002, el jugador chipriota Michalis Michael fallecia durante un partido en Nicosia cuando corría para atender al portero de su equipo, lesionado.
En 2004 la muerte instantánea de Miklos Feher, jugador del Benfica, hacía llorar al por entonces entrenador del club portugués José Antonio Camacho.
El mundo del fútbol empezó a ser sacudido gravemente a partir de 2003, fecha en la que el centrocampista camerunés del Manchester City Marc Vivien Foe fallecía en las semifinales de la Copa de Confederaciones que se disputaba en Lyon. Samuel Eto'o, compañero de Foe, sufrió la pérdida de su amigo estando en el Mallorca.
En agosto de 2007 una de las jóvenes promesas del fútbol español, Antonio Puerta, fallecía dos días después de desvanecerse sobre el terreno de juego a la media hora del partido entre Sevilla y Getafe. Su muerte fue recordada dos años después cuando otro futbolista de Primera División, Dani Jarque (Espanyol) fallecía de un infarto a los 26 años cuando hablaba por teléfono en la habitación de su hotel de